El COVID-19 obliga a aplazar las primeras bodas y deja en el aire las de verano

Los novios que se iban a casar en primavera mueven las celebraciones a otoño o al 2021


FERROL / LA VOZ

El COVID-19 ha llegado con la primavera, la época en la que empiezan a celebrarse las primeras bodas del año. Y como era de esperar, la pandemia ha obligado a aplazar los primeros enlaces en la provincia, sobre todo aquellos previstos para abril, mayo y junio, y deja en el aire los del verano, que en principio se mantienen, a la espera de como evolucione la crisis sanitaria.

El fin de semana siguiente a que se decretase el estado de alarma estaba prevista la primera boda en el Pazo de Sergude, en Ponteceso, gestionado por Boketé Cátering, que obviamente se canceló. A partir de ese momento, explica Rubén Núñez, director comercial de la empresa, «ya nos pusimos en contacto con los novios de las bodas de abril, mayo y junio para aplazar las fechas». De esos enlaces previstos, que eran unos ocho, la mitad se han cambiado a octubre o noviembre, y el resto ya se han pospuesto para el 2021.

Por el momento, las bodas de julio y agosto siguen en pie, a la espera de que avance la pandemia y se puedan conocer cuáles serán las restricciones en ese momento para este tipo de eventos. «Muchos novios ya tienen asumido que a lo mejor no es posible juntar a tantos invitados, y es que tenemos bodas de hasta 300 comensales», señala el director comercial de Boketé, que añade: «Es una situación muy complicada, porque hay una parte emocional importantísima, entendemos que los novios estén muy nerviosos».

En el caso de las parejas que habían escogido el Pazo da Merced, en Neda, para contraer matrimonio esta primavera, Guillermo Alcalá, de la gerencia, explica que han dado todas las facilidades a los novios para aplazar las fechas hasta otoño, aunque algunos enlaces tendrán que celebrarse en viernes o domingo, ya que los sábados ya estaban ocupados. Matiza que «la mayoría preferían posponerlo unos meses, pero dentro de este mismo año, no aplazarlo para el ejercicio que viene».

¿Qué pasará con las bodas de verano? Desde el pazo nedense señalan que de momento «normalidad», hasta que se conozca más la evolución de la pandemia. «A día de hoy las mantenemos, pero luego todo puede cambiar», dice Alcalá.

En el Pazo de Cores, situado en el concello de A Baña, a unos 20 kilómetros de Santiago, no tenían bodas hasta el mes de mayo, que obviamente ya han sido aplazadas a septiembre. «Nosotros no hacemos más de un enlace al día y solo los sábados, apostamos por los eventos exclusivos, por lo que las que estaban para el mes que viene las hemos trasladado a después del verano», señala Pablo Reino, gerente de este Pazo.

El resto de las bodas se mantienen de momento, como ocurre en la mayoría de los establecimientos de eventos, «a la espera de lo que pase», e incluso, «acabamos de contratar dos más para octubre de este mismo año». Matiza Reino que «en función de las restricciones que se vayan dando a conocer, iremos organizando».

En el Pazo da Merced también han recibido consultas de novios que se quieren casar en 2021 y que están mirando posibles ubicaciones, «pero muchas menos que en otros años por estas mismas fechas».

¿Menos invitados y con mascarillas? Las medidas son todavía una incógnita

Aunque el confinamiento se levante antes de los meses de verano, todo parece indicar que las bodas, aún en el caso de que puedan celebrarse, no se podrán desarrollar de la forma en la que estamos acostumbrados. Aunque se trata de hacer elucubraciones, ya que de momento no se conoce nada al respecto, los responsables de pazos que se decidan a la organización de enlaces y eventos similares, tienen claro que en algunos casos, cuando se trate de bodas multitudinarias, habrá que restringir el número de invitados. «Los novios están ya bastante concienciados de eso», afirma el director comercial de Boketé.

Guardar las distancias de seguridad es otra de las restricciones que se prevé que pueda estar en activo. Por ello, es muy probable que en las mesas del banquete el número de comensales sea menor, y también en el público de las ceremonias tanto civiles como religiosas, guardando el metro de seguridad entre asistentes.

Si los invitados deberán llevar mascarilla o si los novios no podrán besar a sus invitados es de momento una incógnita, aunque los profesionales del sector ven inviable que una boda, por la carga sentimental que implica, se pueda llevar a cabo con este tipo de restricciones. De esta forma, muchos se temen que sean bastantes más el número de enlaces que se tengan que suspender, sobre todo cuando la ministra de Trabajo ya adelantó que el ocio y la cultura serán de los últimos sectores en reactivarse.

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