«López Veiga elexiu ó presidente a cara ou cruz, cunha moeda»

FOTOS CON HISTORIA | La concesión marisquera del Anllóns nació dos veces. La primera acabó incluso con heridos. La segunda fue de la mano de la Consellería de Pesca


Carballo / La Voz

La foto. En el tercer trimestre de 1990 el conselleiro de Pesca Enrique López Veiga acabó por poner algo de orden en el estuario del río Anllóns. Para ello celebró reuniones multitudinarias con los mariscadores. La última de ellas se celebró el 27 de diciembre y la asistencia volvió a ser masiva porque entonces faenaban en la zona medio millar de personas sin ningún tipo de normativa. La explotación del banco fue ordenada a partir de entonces, con 30 kilos como tope por persona y día y la prohibición de trabajar en festivo o en fin de semana.

Las protagonistas. Las mariscadoras son ahora una treintena y la inmensa mayoría de ellas están en la agrupación desde que se reconstituyó de nuevo. El primer presidente, en abril de 1989, fue Manuel Mariño, pero en la junta directiva estaban el alcalde de Cabana, Manuel Fariña, y el entonces primer teniente de alcalde de Ponteceso, Ramón Saleta. En octubre de 1990 se formó una junta gestora en la que se integraron los dos grupos en conflicto, gracias a la mediación de López Veiga. Julia Haz Barrientos fue elegida presidenta en una reunión en la Consellería de Pesca, en Santiago. Sigue al frente de la agrupación, que ahora es completamente distinta.

La historia. Julia Haz es la presidenta de la agrupación de mariscadoras del Anllóns gracias a una moneda que tiró al aire el conselleiro Enrique López Veiga. Lo que puede parecer arbitrario fue, en realidad, el único modo de solucionar un conflicto atascado, que incluso se había saldado con heridos. «Mil veces fomos a Santiago. Poidemos alugar un piso de tantos viaxes que fixemos». Haz Barrientos no exagera. La explotación del estuario fue una auténtica odisea que arrancó a mediados de 1989, cuando Pesca, que entonces era responsabilidad de José Enrique López Peña, autorizó una concesión en la desembocadura del Anllóns.

Casi desde el principio se formaron dos bandos, formados por vecinos de Canduas y de Neaño. El conflicto estalló en octubre cuando centenares de personas, que en su mayor parte eran furtivos, acudieron a mariscar e Inspección Pesquera se presentó para decomisar las dos toneladas que se llevaban. Hubo que llamar a la Guardia Civil, que tuvo que cargar porque los presentes se negaban a entregar el marisco y llegaron a rodear los vehículos de los agentes.

La Xunta y el Gobierno Civil intervinieron para poner paz entre los que querían seguir yendo a por berberechos sin control y los que tenían el carné, por el que había que pagar unas 5.000 pesetas de entonces, que poco después bajó a 2.000, con lo que a algunos les devolvieron el dinero.

El conflicto se hizo duro, con sabotajes, peleas, denuncias por extracción de arena y otros. El estuario era un auténtico polvorín que podía saltar por los aires en cualquier momento.

Fue a mediados de 1990 cuando la agrupación inició el camino de la refundación. Fue necesario expedir nuevos carnés y en junio Enrique López Veiga tomó el mando de la situación y empezó una serie de reuniones en Cabana con centenares de mariscadores para ordenar la concesión. Tal era la tensión que Pesca intentó que las cofradías de Corme y Laxe, que son las más próximas, se hicieran cargo del reparto de carnés, pero ninguno de los dos patrones mayores quiso intervenir en la zona. De hecho, la agrupación es la única que no depende de ningún pósito.

La posibilidad del marisqueo libre como había sido hasta entonces ya no existía y hubo que usar por igual la autoridad y la diplomacia para calmar los ánimos.

Se formó una comisión en la que estaban representados los dos bandos, con el mismo número de representantes. Cada uno propuso un candidato para la presidencia de la nueva asociación. Dado que no había modo alguno de desempate, López Veiga optó por la suerte. La moneda cayó del lado de Julia Haz.

A partir de entonces comenzaron los cursos de formación para los futuros mariscadores. En el verano de 1990 ya habían superado la formación 150 personas, pero a las asambleas convocadas por la Consellería de Pesca asistían más de 300. Hubo alguna con medio millar de ribereños y en los primeros tiempos llegaron a bajar al estuario 650 vecinos.

Julia Haz llevó la junta gestora hasta que se celebraron elecciones y en octubre de 1992 se celebró la primera Festa do Berberecho, que no pudo mantenerse porque la sobreexplotación a la que había sido sometido el rico banco acabó pasando factura. Tampoco funcionaron los intentos de diversificar la producción. Abandonaron la ostra por dar demasiado trabajo y la almeja porque no llegó a arraigar.

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