«Despois dunha veda de 2 anos chegaban os percebes ao monte»

FOTO CON HISTORIA | Subasta para la Festa do Percebe do Roncudo | Hace 22 años casi 300 personas tenían carné o autorización para mariscar en Corme y ahora apenas son setenta los que trabajan


Carballo / la voz

La foto. 1996. Es la víspera de la Festa do Percebe do Roncudo y en la lonja de Corme hay cientos de kilos de este crustáceo. Entorno a la mesa mariscadoras y mariscadores que han acudido a vender su mercancía. Al fondo hay un hombre que forma parte de la organización de la celebración gastronómica, el que se ha de ocupar de comprar el percebe, almacenarlo y cocerlo. Entonces era normal ver esa zona de exposición atestada de cajas llenas del marisco más gustoso. Hace ya muchos años que en esa rula, en la parte baja de la cofradía, ya no se puede ver ese espectáculo. Como los bancos de percebe, el pueblo ha ido a menos, ha ido perdiendo identidad.

El protagonista. Moncho Saleta Fernández regenta actualmente el supermercado Miramar, pero antes estuvo relacionado con negocios de hostelería. En muchas ocasiones, a lo largo de la Festa do Percebe do Roncudo, se ocupó de la sala de calderas, desde la que salen los humeantes crustáceos cocidos y también de comprárselos a los mariscadores cuando el patrón mayor de entonces, Inocencio Suárez, no podía hacerlo. Era una actividad no exenta de cierto riesgo ya que a los mariscadores, debido al peligro que corren en las rocas, toda cotización les parece poca, lo que es comprensible. Al mismo tiempo, la organización de la fiesta tenía que afinar los precios para atraer a más visitantes

Ese 5 de julio de 1996 sobre la mesa de la lonja de Corme había, por lo menos, ochenta cajas de percebe a la venta. Era la víspera de la que hoy es la fiesta más importante de la localidad. Habían pasado un puñado de años desde que se implementó una gestión sensata de un recurso que había de ser muy importante para Corme. Antes de eso se cerraron los bancos durante 48 meses. «Despois dunha veda de dous anos chegaban os percebes ao monte», recuerda Moncho Saleta, que estuvo casi desde el principio en la organización de la fiesta.

Quizá no sería tanto, pero la imagen de 1996 da idea de cómo estaban las piedras percebeiras en ese pedazo de costa, uno de los más valorados de Galicia.

Había mucho percebe entonces y eso que, según calcula Moncho Saleta, unas 300 personas podían faenar. Quizá no fueran tantas, pero sí suficientes para que los furtivos no se atrevieran a entrar en una zona que en vísperas de Navidades y en el verano quedaba prácticamente cercado para evitar los robos, sobre todo cuando el estado del mar era bueno. Como eran muchos mariscadores podían realizarse sin problemas turnos de vigilancia. Acceder al Roncudo sin ser visto era prácticamente imposible.

Moncho Saleta recuerda que muy pocos de los percebeiros de a pie podían sacar un sueldo digno con esa actividad, pero a muchos les sirvió para obtener una pensión. Entonces muchos de los mariscadores eran personas entradas en años, que habían desarrollado la actividad de forma irregular.

Saleta Fernández nunca fue percebeiro, pero estuvo vinculado a la cofradía. La fiesta, sobre todo entonces, era cosa de todo el pueblo y había muchos voluntarios. Era uno de ellos. Durante varios años se ocupó de comprar los percebes y de cocerlos el día de la fiesta. Ponía el butano, las potas y las patatas y su trabajo ante los fogones.

Desde esa fiesta del 96 muchas cosas han cambiado. Ahora hay dos lonjas, una de ellas solo para percebe, aunque nunca llegó a estrenarse. Hace mucho que no hay subastas en Corme y que todo el percebe va para el Muro de A Coruña, aunque en algunas ocasiones los cormeláns pararon en la rula de Malpica, pero hace mucho que este crustáceo es casi un desconocido en los mercados de primera venta locales.

Pero nada es ya lo mismo. Los percebeiros de a pie, cuyo único recurso es este crustáceo, casi se cuentan con los dedos de la mano y los bancos están casi arrasados, Para Moncho Saleta, como para muchos en Corme, la política marisquera tiene mucha responsabilidad, porque acaba haciendo furtivos a muchos de los profesionales, que intentan llevarse más del topo, pero también hay una causa física. Un conflicto que viene desde hace tiempo por el permiso de extraer mejilla en toda la costa a los bateeiros de las Rías Baixas. Los percebes precisan de este molusco para adherirse a las rocas, que desde hace tiempo lucen extensas calvas donde antes había grandes piñas.

Aquel 6 de julio de 1996, la tonelada de percebes comprada a los mariscadores se transformó en tres mil raciones, que los comensales regaron con albariño, por hubo un hermanamiento entre ambas celebraciones.

El pregón correspondió a Arsenio Iglesias, en entrenador que hizo del Deportivo un equipo ganador. La ración costaba 1.500 pesetas (9 euros) y Moncho Saleta pagó los crustáceos a los mariscadores a entre 3.000 (18 euros) y 7.000 pesetas (42 euros). Además entonces no había botellón, todo era festejar el percebe.

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