Entre las peonzas, el humano y la máquina


La sustitución del ser humano por las máquinas no es un asunto nuevo y ya en su día tuvo protagonizado alguna que otra revuelta, por llamarlo así. Semeja a veces que ellas han ganado la batalla, en productividad, tal vez, o en poco quejarse, bien seguro. Uno es un número de una pantalla en la sucursal bancaria o también en salas de espera donde lo que menos se querría es ser eso, precisamente una cifra, una estadística, parte de un porcentaje que a veces se usa para dar esperanzas cuando todo parece que se derrumba. En grandes cadenas de ropa uno ya se cobra a sí mismo y ocurre también en otras superficies donde un ser humano ha de contar después que el número que pone la máquina sea el correcto. Qué ironía, porque parece dudoso el adelanto. En fin. Sin embargo, todavía quiero creer que es el ser humano el responsable de que las cosas vayan rotundamente mal o rotundamente bien. La implicación personal, el hacer de un proyecto algo vital no es cuestión que esté al alcance de los monitores.

Nunca una terminal podría comunicar como lo hace el gerente del Museo Etnolúdico de Ponteceso, el Melga, lo bien que han ido las exposiciones El peón en las Bellas Artes y las Peonzas del mundo, clausuradas el pasado lunes. Hasta 651 visitas contó Ricardo Pérez y Verdes, más que las del año anterior: particulares, asociaciones y centros escolares. Las dos aumentaron. La primera, colección privada suya, en 52 incorporaciones sobre pinturas históricas de diferentes etapas, sobresaliendo las de los siglos XVIII y XIX y algunas de civilizaciones asiáticas. La segunda, de Charo Español y Ángeles Lence, en 80 piezas, muchas de América y otras tuneadas. «Es una prueba evidente de que estamos consolidando, año tras año, estas exposiciones que son un acicate más para celebrar el San Martín, patrón de todos los peonceros», cuenta Pérez y Verdes. Leyendo su comunicado, uno parece oírlo exultante comunicando que han conseguido para el año la incorporación de Luis Ramos, quien comprometió su colección privada para engrosar la exposición. Quieren llegar a los mil «artefactos giroscópicos» y alcanzar el récord. Concello, Diputación, Patrimonio Lúdico de Galicia y Asociación Europea de Juegos y Deportes Tradicionales han colaborado para que Ponteceso fuese el centro neurálgico «del Día de Galicia del Pon en movimiento tu peonza». Festipopeóns tuvo como mascota a Buxainciño.

Quizás el entusiasmo que pone Pérez y Verdes cuando guía las visitas explica por qué hay grupos que repiten en su museo, como también pasa en el de la Pesca de Fisterra con Alexandre Nerium. Ninguna máquina podría esbozar la sonrisa que él pone cuando deja al visitante boquiabierto. Quizás haya futuro humano.

Por Patricia Blanco CIUDADANA

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

Entre las peonzas, el humano y la máquina