«Al principio lloraba mucho, pero con el tiempo me he hecho fuerte»

Personas con historia | La última historia de Ana Nipo es la de Colitas, una perra que llevaba al menos un año en la calle y cuyas gravísimas lesiones estremecieron Facebook


Carballo / la voz

«Más de 3.000 personas vieron el vídeo de Colitas en las redes. Grabamos lo que hacemos porque es la forma de demostrar para qué va la ayuda que nos dan. A veces no es agradable, pero la gente quiere ver pruebas». Ana Nipo, como es conocida en Facebook, habla de la última vida que ha logrado cambiar. Esa historia y otras decenas parecidas han terminado por conformar la suya propia que comenzó hace algo más de veinte años cuando empezó a ver por sí misma la situación de los animales que están en la calle.

Cerca de donde trabaja había una colonia de gatos, hambrientos y enfermos, y comenzó a cuidarlos y a alimentarlos, «aunque no se puede», comenta con sorna. En su familia siempre hubo animales, pero reconoce que en su adolescencia no les prestaba demasiada atención. Ahora, la recogida de callejeros forma parte de su actividad diaria.

Ha sido un largo recorrido con «muchas cosas buenas, aunque la mayoría, malas», aunque, eso sí, «casi todo con final feliz». Empezó en la protectora Amigos de los Perros, de Bértoa. Fue un inicio duro. «Al principio lloraba mucho, pero con el tiempo me he hecho fuerte», explica.

Su primera historia fue la de Espe, a la que encontró comida por los gusanos, pero que se recuperó, de ahí su nombre. La última es la de Colitas, tras la que llevaba mucho tiempo, hasta que el animal cayó en la trampa. Ayer se fue adoptada para Santiago. «Hacía por lo menos un año que una mujer y su hija pequeña le daban de comer, pero el animal no se dejaba coger. Varias veces lo intentaron sin resultado. Tenía tan enmarañado el pelo que a la niña le pareció que tenía varias colitas y la bautizó así», explica. Cuando finalmente la atraparon se dieron cuenta de que era una hembra y que tenía una espantosa y podrida herida en el cuello. El pequeño collar que llevaba, de cachorro, se le había ido clavando en la carne hasta el punto de que no se veía desde fuera. El animal está recuperado gracias a los cuidados de la veterinaria de la clínica Ponteceso, y a las donaciones recibidas.

La noche en la que finalmente cayó Colitas para emprender una nueva vida llovía y hacía mucho frío. «Sandra y yo estábamos congeladas, sucias y mal vestidas. Paramos en un bar a recuperarnos con un café. Nos hubiera gustado pasar la tarde allí, en lugar de capturando una perra, pero pensé en Colitas en la jaula, dentro del coche, y me sentí muy bien», explica.

Otra de las historias de Ana Nipo es la de Silvi, una cachorra que ya tienen una familia adoptiva. Su madre es un caso pendiente todavía, como tantos en la lista de espera personal de Ana Nipo, que seguirá en la brecha «hasta que el cuerpo aguante».

Las capturas suelen realizarse de noche, cuando, en teoría, todo el mundo duerme, pero no siempre es así. «No te imaginas las cosas más tontas que pueden llegar a ver», dice riendo. En esos recorridos y largas esperas suele acompañarla Heidi, «mi hija perruna», una abandonada de 10 años que sufre varias enfermedades, por lo que ahora no la ayuda en los rescates.

En este tiempo, los perros a los que ha ayudado solo le han hecho algunos rasguños, «a causa del miedo», explica. Mordiscos solo de gatos, pero en dos ocasiones tuvo que ir a urgencias y todo por ir rápido y no saber «como manipularlos».

«Saqué la FP de noche porque aspiro a más y estoy preparando oposiciones»

Ana Suárez nació hace 46 años en Carballo. Tras acabar en el instituto tuvo varios empleos y hace dos años terminó un ciclo de auxiliar de enfermería. «Saqué la FP de noche», explica. Tras salir de su trabajo iba al instituto a Coruña, labor que compatibilizaba con el rescate de animales. «No duermo mucho», reconoce. Ahora prepara oposiciones. «Aspiro a más, como todos», explica y lo que realmente quiere es ser funcionaria, trabajar en un hospital.

Con el tiempo ha llegado a formar una comunidad en Facebook, una red de colaboración en la que se vuelca porque es el modo de llegar a todas partes. «Si difundes llegas a muchos muros y en alguno habrá alguien que pueda enamorarse del animal», explica.

Pero nada es fácil. Primero hay una conversación a distancia con el interesado, pero es necesaria una entrevista personal para que Ana Nipo entregue a un perro rescatado. En este encuentro es preciso que el adoptante acepte las condiciones que son el chip, las vacunas y la castración.

Critica la nueva legislación de bienestar animal porque considera que la única ventaja que ofrece es el sacrificio 0 y se queja de la poca ayuda que reciben de las instituciones. «Mandan avisos de que si das de comer a los animales que viven en la calle te van a multar, pero no hacen nada contra el maltrato ni el abandono y tampoco por la seguridad. Hace al menos una semana que hay en Razo dos perros grandes en la carretera. No se preocupan ni por los animales ni por los accidentes», señala. Tampoco está de acuerdo con dueños irresponsables. «Dicen que el perro sabe volver, pero en ese tiempo pudo provocar y accidente o preñar una perra», señala.

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«Al principio lloraba mucho, pero con el tiempo me he hecho fuerte»