«A lo largo de veinte años vamos a pagar diez veces el valor del terreno»

La empresa eólica EDP acaba de entregar doce becas para los estudiantes con mejores notas de Ponteceso. Habla Juan García, director de desarrollo de negocio de la compañía


Carballo / La Voz

Juan García Boto, director de desarrollo de negocio de EDP Renovables, es asturiano y ha estado en varias ocasiones en Corme, donde la semana pasada entregó 12.500 euros en becas para estudiantes pontecesáns.

-¿Por qué la empresa se preocupa por la responsabilidad social corporativa?

-Hay razones financieras. Es económicamente rentable porque hay clasificaciones en la bolsa de empresas socialmente responsables, para que los inversores puedan elegir las que están bien calificadas. Para eso hay personas que auditan y hacen comprobaciones porque no vale con decir que uno es bueno. Igual que hay empresas que apuestan por la calidad, hay otras que lo hacen por la responsabilidad social corporativa y eso puede ser una ventaja a la hora de encontrar inversores. Esta compañía, desde su nacimiento, se dedica a generar energía limpia y parecía una buena idea además puntuar en responsabilidad social corporativa. Además, las empresas tienen obligación de devolver a la sociedad parte de las cosas que hace. A mí no me extraña que las empresas tengan un plan de responsabilidad social corporativa, lo que me extraña es que haya alguna que no lo haga y sospecho que es un camino que al final todas van a recorrer.

-¿Necesitan devolver porque tienen la sensación de que lo han quitado?

-No, es una cuestión de que somos y queremos ser vecinos. Llevamos 20 años en Corme, esperamos estar otros 20 y nuestra obligación como vecinos es ayudarnos entre todos. Igual que nosotros ayudamos hay veces que los vecinoscayudan y son los primeros que avisan si hay un problema o algo no va bien.

-La energía verde se consideraba una panacea, ¿ha cambiado esa visión?

-Yo no diría que al principio fuese la panacea, sino un experimento, una prueba. Era la energía que debía existir en el futuro, pero era muy cara. Lo que se ha conseguido es que compita con las otras. El tiempo está avanzando y cada vez hay menos gente que niega el efecto invernadero y el calentamiento global. No es que sea muy bonito hacer energía limpia es que si no la hacemos nos vamos a cargar el planeta.

-¿Encuentran más reticencias en los propietarios?

-Sí, porque están acostumbrados a tiempos pretéritos en los que no había criterios económicos. En esas condiciones puedo convencer a mucha gente, pero ahora es un negocio, competimos en tecnología e intentamos ser serios, dando lo que es justo, pero no hay dinero para alegrías. A la gente le cuesta dejar de considerarnos como una empresa subvencionada para pensar que estamos en el mercado y que si no nos ponen fácil instalarnos en un municipio otros lo harán en otro.

-¿Fue un palo que acabaran las ayudas?

-Todas las crisis tienen su lado positivo. Yo prefiero vivir en un mundo en que los argumentos sean económicos y no de subvenciones. Puedes discutir a quién se le da la ayuda y a quién no, pero cuando es el mercado el que decide, el que lo hace mejor es el que se lleva el gato al agua.

-¿Qué proyectos tienen en Galicia?

-Acabamos de terminar dos parques, en Muxía. Hace un año acabamos otro en Santa Comba y Zas, la ampliación de Fontesilva, y pretendemos para el año que viene repotenciar, que es quitar las máquinas viejas y poner nuevas, en Corme y en Zas.

-Pero los propietarios parece que se resisten.

-No especialmente. Yo creo que todos intentan conseguir las mejores condiciones para su terreno y al final hay que llegar a un acuerdo. La expropiación es el último recurso y yo creo que ni les interesa a los propietarios ni a nosotros. Estamos ofreciendo unas condiciones económicas que prácticamente pagan el valor del terreno cada dos años. A lo largo de 20 vamos a pagar diez veces por las tierras. Se puede pedir más, pero...

-Ustedes trabajan en todo el mundo, ¿cómo son las relaciones con Galicia?

-Tenemos en Estados Unidos, en Francia, en Polonia, en Italia, en Rumanía y en Portugal. Dentro de España tenemos instalaciones en Galicia, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Asturias, Cataluña y Andalucía. Aquí tenemos los primeros parques y uno de ellos es precisamente el de Corme, que tiene más de 20 años. Yo diría que la relación ha sido cómoda, nos conocemos... Siempre hemos tenido una oficina de representación aquí, un delegado gallego, un jefe de zona y mantenimiento gallego y, bueno, el gallego no es un idioma que se nos haga extraño. Yo no pido que me traduzcan las resoluciones del DOG. Es una región llevadera, los gallegos son gente con la que una vez que llegas a un acuerdo, puedes confiar en ellos. No es un lugar en el que estemos especialmente incómodos.

-¿Cómo llevan lo de las distintas legislaciones autonómicas?

-Todas son razonables y serias. El gran problema de Galicia es el minifundio. Normalmente, una instalación eólica puede afectar a unas 40 parcelas con 30 propietarios. El de Corme tiene unas 500 parcelas y estimamos unos 300 propietarios. Claro, cuando un camino atraviesa algo que ha sido heredado por hijos y por nietos estás cruzando 30 parcelas de diez metros de anchura, lo que obliga a una tramitación muchísimo más complicada. Luego, la gente recibe igual cien euros al año por los metros que le estás quitando y no es algo tan interesante como el que tiene una finca en la que se instalan dos turbinas.

-Lo que nos salva es que tenemos viento.

-Mucho, mucho, mucho viento.

-¿Por eso resulta interesante invertir aquí?

-Galicia es probablemente la comunidad más ventosa, pero no es el mejor viento. Es muy huracanado y variable. El mejor aprovechable es el del valle del Ebro.

-¿El cierzo?

-Sí. Es un viento lento, muy continuo y que permite la instalación de máquinas muy grandes. Aquí no pueden serlo porque se las lleva por delante.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

«A lo largo de veinte años vamos a pagar diez veces el valor del terreno»