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Con la desaparición de la cabaña de Picó de Meda, las aproximadamente 70 cabezas de Monte Faro, dos grupos de propietarios particulares en Buxantes y otra pequeña manada de una decena de yeguas en A Ruña (Mazaricos) es todo lo que queda de presencia de ganado equino en semilibertad por la zona. Para encontrar las siguientes yeguas en un estado que hasta no hace tantos decenios era la norma en toda la comarca y en toda Galicia hay que irse ya hasta As Paxareiras, en la bajada hacia Muros y Carnota.

Obligaciones sanitarias o de marcado y control, la interacción con los cultivos forrajeros, la nula rentabilidad económica, la despoblación rural, la falta de apoyo de la Administración, los ataques de depredadores,... Absolutamente todo juega en contra del puñado de románticos que se empeñan en mantener la tradición que estos días tiene su cara más amable en la Rapa das Bestas de Vimianzo o la Feira-Exposición-Paseo de Ponteceso. «Dos cabalos no monte, non sendo na Estrada, onde está levando a cabo un proxecto moi serio, a Xunta non quere saber nada. Xa o tentamos, pero nunca atopamos a ninguén que fose capaz de concienciar que os cabalos no monte fan unha superlimpeza. Evitan moitos incendios», asegura Martín Mato Pose, uno de los fundadores de la asociación pontecesana, que en un cuarto de siglo de actividad ya ha conseguido logros importantes, como que en muchas casas del municipio se cuiden un caballo o una yegua. Algo que para Mato Pose es «importantísimo» no solo porque le permita juntar 197 ejemplares para esta cita, sino porque «o cabalo xera limpeza no monte, xera as máquinas que recollen o feo, xente que planta cebada para mantelos... É unha cultura que non debemos desterrar deste país», sentencia.

Son muchos los expertos que comparten esta idea y que, además, advierten de que el tiempo de tomar medidas contra el abandono se agota. El propio director xeral de Montes, Tomás Fernández Couto, advierte que en solo unos decenios ya ni siquiera quedará gente en las aldeas que sepa delimitar de quien son las propiedades. El veterinario corcubionés Chisco Lema, que conoce bien todas las poblaciones equinas de la zona, apunta que el caballo es una cuestión «cultural y tradicional», pero no solo eso, porque resulta muy importante para la biodiversidad, porque, además, «permite aprovechar zonas rudas y rústicas, en las que comen, desbrozan, que muy difícilmente se van a utilizar para otro tipo de ganadería». Ahora bien, también entiende que las trabas derivadas de la traslación a la legislación española de las normativas comunitarias son verdaderos muros para los propietarios por lo que entiende que «la Administración debería establecer algún tipo de excepcionalidad para este tipo de ganado en semilibertad».

Su colega ceense César Pérez defiende una idea muy parecida que, además extiende a otras especies porque «co silvopastoreo aprovéitanse os recursos, transfórmanse en alimento e, ademais, foméntase a crianza de razas autóctonas».

En la misma línea, el catedrático de la USC, Manuel Marey, recalca que «o sector forestal non pode ser nin vai a ser a única solución para os problemas do noso territorio. Hai que entrar con vacas, con ovellas, con cabras, co cabalo, que aínda que aquí non se come moito pódese exportar... Debemos xestionar o espazo».

«De 50 bestas en todo ano tivemos seis crías; xa ves, sácache as ganas de seguir loitando»

Adrián Martínez Oreiro, con solo 28 años, está por primera vez al frente de Monte Faro, el colectivo que organiza la emblemática Rapa das Bestas de Vimianzo, y aunque la ilusión es mucha, reconoce que los sinsabores, también. «E que todo son obstáculos por todos os lados e se non temos apoio ningún isto é inviable. Tés que pór microchips, pagar seguros... Estás todo o ano traballando para, ao final, non levar máis que desgustos», se queja el joven que pone un ejemplo más que significativo de las mermas sufridas: «De 50 bestas da asociación que temos no monte, en todo o ano tivemos seis crías, así que xa vés, sácache as ganas de seguir loitando».

Lo único positivo que destaca Martínez es que, «de momento, o tempo non vén moi seco e de comer si que teñen», porque los pastos en el monte aguantan bastante bien. A partir de ahí lo que les queda es su empeño por mantener una tradición ancestral, aunque parece que cada vez más en contra de los elementos.

Están solos

Los criadores de caballos, junto con otros activos del mundo rural, son una especie en vías de extinción. Es un error no darles apoyo. Al margen de mantener una de las culturas más antiguas de la humanidad, el sostenimiento de equinos en el monte es la mejor manera y la más barata de luchar contra los incendios. Sobre todo, de prevenirlos. Los caballos son un tesoro para el monte. Pero, lamentablemente, los criadores están solos.

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La cabaña de ganado equino se ha reducido a la mínima expresión