Patrimonio en franca obsolescencia

Casas rectorales de la Costa da Morte están comidas por la vegetación o cayéndose


Carballo / La Voz

Casas rectorales de la Costa da Morte sucumben al paso del tiempo, al abandono, a la falta de uso y a la humedad. Si en muchas iglesias de la comarca crecen hierbajos en los tejados pese a que en ellas se siguen oficiando misas, en este tipo de inmuebles, sin empleo u ocupantes, la situación es peor. Hay casos que ya son prácticamente irrecuperables, como Touriñán. El mal estado se ve a simple vista en las de Sergude, Tallo o Pazos, en Ponteceso, y en otras los daños son todavía más incipientes, aunque irreversibles de un momento a otro: esa es la situación de inmuebles como el de Cerqueda.

Existen ejemplos en prácticamente todos los municipios, aunque en algunos casos ha habido procesos de rehabilitación o nuevos caminos: Berdillo (centro de día), Lema (personas sin hogar) o Erbecedo (local social) entran en este apartado. No obstante, en el último caso, parece que el uso no está siendo mucho (o nulo), lo que a la larga acabará minando el edificio. En Nantón, Golmar (alberga el Centro de Interpretación dos Muíños da Costa da Morte) o Cospindo (sede de la Fundación Eduardo Pondal, plena de vida) se ha emprendido asimismo un buen camino, pero lo más frecuente es el caso negativo. Patrimonio de la Iglesia que la propia maleza oculta, haciéndolo irreconocible. La falta de sacerdotes en el medio rural es uno de los motivos esenciales detrás de la decadencia de las instalaciones, así como, después, los laboriosos y prolongados trámites que han de seguirse para formalizar las cesiones, en caso de que haya interés. Así, entre sus paredes, se va perdiendo la historia de un tiempo pasado.

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