Cien años de la Fonte do Campo, testigo de la vida de Corme

Es parte del día a día de los vecinos. Uno de sus capítulos más sonados llegó en el 2009, al ser pintada de colores


Un testigo perenne de todo lo que ocurría. Un protagonista callado, pero presente, de muchas imágenes, de muchas fiestas, de muchas reuniones. De todo tipo. La Fonte do Campo, en el centro de Corme (también hay quien le dice O Pilón), cumplirá este 2016 nada menos que 100 años. «Tivo que levarlle moito máis dun mes facela», dice Jesús Méndez Torrado, Suso de Basilio, sobre su bisabuelo. Él, José Torrado Esmorís, más conocido como tío Pepe do Torrado, fue el encargado de levantarla. Maestro cantero llegado de Brantuas (compaginaba esta actividad con la de labrador), también es el responsable de la construcción de varias casas. «Morreu cando eu tiña sete anos», recuerda Suso, quien también cita una anécdota recogida en el libro de Jaime Valdés sobre la propia fuente. En el capítulo La carretera de Corme, por ejemplo, se da fe de la ansia que tenían los vecinos por esta infraestructura (según noticia publicada en La Voz en 1899). Sobre la posibilidad de hacer algún acto de 100.º aniversario en este 2016 recién entrado, teniendo en cuenta que él es descendiente del constructor, Suso considera que es más bien cuestión del Concello. La fuente despierta añoranzas entre los vecinos, que la hicieron parte de sus celebraciones y de su día a día. Había fiestas en la rúa Real y también en la plaza. Antonio Vidal, vecino, recuerda que, en el descanso, había orquestas que cambiaban de una zona a otra, por estar los deseos divididos. A la fuente incluso se amarraban también los palcos. En su época, dice, recuerda llegar de fiesta y quedar con los demás hablando de madrugada. «Era o punto de parada, un punto de referencia, porque está no centro», describe. Por allí pasan procesiones y entierros y hasta estuvo también al lado Ayudantía de Marina.

Un capítulo destacado de los cien años de vivencias de esta fuente se escribió en el año 2009. Entonces, pintoras de la Fundación Torre Pujales, con el beneplácito del Concello pontecesán, optaron por darle algo de color a parte de la fuente, tradicionalmente blanca. Esta opción, que no convenció a un sector del vecindario, se vio perjudicada en dos ocasiones, amaneciendo la fuente cubierta de pintura blanca.

Finalmente, las artistas repintaron de nuevo el elemento y así está por ahora, con el tronco blanco y elementos de colores. Pese a todo, seis años después, aún se escuchan voces que reclaman la vuelta al blanco original. En los años que vienen, la fuente seguirá escribiendo su historia.

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