Dos hermanos enfrentados por los trajes para la banda de música de Muxía

Crónica histórica | Curiosa historia la sucedida a principios del siglo XX en la localidad de la Barca


Hay historias que unas veces se cuentan y otras no. La mayoría están sepultadas en los desvanes del olvido, pero ninguna historia de nuestras gentes y nuestros pueblos debería quedar sin contar; o sin leer o conocer. Historias plagadas de sentimientos, frustraciones, desencantos o desencuentros.

Un ejemplo de esto último es una curiosa, y hasta divertida, que sucedió en Muxía en la segunda década del siglo XX, y que cabe la posibilidad de que sea desconocida para la gran mayoría de los actuales habitantes de la villa de la Virxe da Barca.

Allá, hace más de un siglo, por el año 1915, un grupo de muxiáns se propuso organizar una banda de música, una agrupación musical promovida y liderada por Cristino Fernández Mazarrón, un fotógrafo en Muxía, predecesor por tanto del reconocido Ramón Caamaño y del actual Xesús Búa, que, con muchas inquietudes quería llenar renglones de su vida.

En el mes de mayo de aquel año, con motivo de una festividad celebrada por las Hijas de María se hizo la presentación y puesta de largo de la agrupación musical, actuando después en las fiestas de las Mercedes de Corcubión, «sorprendiendo sus adelantos» y «realizando discretamente su cometido», según divulgaron los medios de comunicación de la época.

Un año después, en septiembre de 1916 la banda amenizó los paseos, muy concurridos, durante la festividad de la Virxe da Barca, y lo mismo sucedió en las sucesivas ediciones en las que la banda de Muxía recorrió las calles con sus notas musicales y acompañó a los romeros y vecinos en su disfrute festivo.

Mientras Cristino dirigía la agrupación musical, su hermano Sixto llevaba las riendas del coro parroquial, marchando todo viento en popa tanto en lo musical como en lo personal para los dos hermanos tocados por la varita artística. Pero en diciembre de ese mismo año, 1916, Cristino Fernández encargó al sastre Eduardo Porto la confección de los trajes para los componentes de la banda, y así se hizo de común acuerdo.

No obstante, la confección de la vestimenta no debió agradar al director músico y cedió los uniformes a la comparsa del carnaval para que recorriese las calles del pueblo al año siguiente, mofándose públicamente con eslóganes, alusiones y coplas de la labor del sastre, poniendo en cuestión la estima social y profesional de la que había disfrutado hasta aquel entonces el sastre de Muxía.

Convertido en su drama personal, encolerizado por sentirse agraviado en su dignidad y en su honor -que eran los activos que mejor valoraba el buen sastre- Eduardo Porto buscó por las calles a Cristino Fernández Macarrón y le encontró en la calle Real en la noche del 8 de febrero de 1917. Se enzarzaron en una discusión imposible, momento que aprovechó Eduardo, después de creerse con suficientes y sustanciales razones, para dispararle un tiro con una pistola que no llegó a alcanzar al destinatario, a Macarrón.

Denunciado el hecho, Eduardo Porto fue detenido y el fiscal solicitó seis meses y un día de prisión correccional. No conocemos la sentencia ni tampoco si Eduardo Porto terminó dando con sus huesos en la cárcel. Lo que sí es seguro es que por ese desencuentro, que dejó marcas para toda la vida, quedó una permanente animadversión y resentimiento entre ambos -Eduardo y Cristino-, por la humillación recibida durante aquellos carnavales.

Esta fue la puesta en escena de una curiosa historia y de dos personajes que ya hace mucho tiempo no están entre nosotros, de los que apenas, o nada, hemos oído hablar. Pero hoy los resucitamos de sus cenizas con una sonrisa irónica, y hasta cierto punto también con cierto sabor amargo. Lo que si sabemos es que lo ya sucedido no se puede cambiar. Y que no todo vale.

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