La romería da Barca más triste de la historia

La multitudinaria celebración quedó reducida a un par de centenares de devotos: así fue el domingo, uno de los días tradicionalmente más grandes


carballo / la voz

Fue A Barca del dolor, como acabó diciendo el nonagenario párroco de Muxía, Manuel Liñeiro, tras la bendición. A pesar de su edad, espera que la romería del 2021 sea esplendorosa. Este año fue la más triste que recuerdan en el pueblo. «Dolorosamente vacía y triste», calificó el abogado y devoto Manuel Martín.

«Non hai nada», se le escapó a Toxi, uno de esos personajes de Muxía casados con la mar. «¿Onde vai a miña traca?», se preguntaba hablando con el percebeiro David Lema mientras miraban el puerto y el pueblo casi vacío. No saben definir su fe. «Nós só cremos na Barca», proclaman. Toxi fue el que vio flotando junto al dique a una de las mujeres que murieron cuando un autobús se cayó al Duero en Portugal, en marzo del 2001. Desde su casa repasa el mar con los prismáticos.

Juan Carlos Luaces, de 79 años, fue juez de paz y hace un juego con los versos de «viva sábado da Barca, sábado da Barca viva»: «Barca coma esta na vin na miña vida», añade. Junto con su cuñado Martín añoraban los mejores años de la romería mientras regresaban al pueblo.

Muxía era ayer un remanso de paz. El día estaba claro. En el santuario había los 105 fieles de rigor del aforo permitido. La Policía Local vigilaba las puertas. Fuera había otras tantas o más. Todo muy ordenado. Este año, el patrón mayor, Daniel Castro, siguió el oficio sentado en el muro exterior del atrio. Mientras, unas cuantas decenas de personas andaban por las rocas del santuario pagano. La Pedra da Abalar solo tenía un par de usuarios que se querían hacer una foto. De vez en cuanto, alguien pasaba por debajo de la Pedra dos Cadrís.

Unos chavales jugaban con el fuego de las olas en la proximidad del agua, impredecible cuando sube la marea. En el atrio, tras sonar el himno de A Barca, rompieron los aplausos y algunos muxiáns se emocionaron.

«Vimos tódolos anos por ofreza, e este, tamén»

En las carreteras de acceso a Muxía se veían ayer peregrinos, devotos caminantes y senderistas. A la altura de Os Muíños, una pareja llevaba paso firme hacía la punta de A Barca. En Moraime, una joven cargada con una gran mochila se dirigía hacia el tempo románico.

Más adelante, algún que otro andarín solitario iba con apuro hacia el pueblo. Ya en el entorno del santuario descansaba un grupo de cuatro jóvenes que acababan de llegar desde Vimianzo. Su portavoz, Bertín Cives (28 años), dijo ser de Dumbría, pero este año emprendieron su peregrinaje en la capital de Soneira. «Vimos tódolos anos por ofreza, e este, tamén». Salieron a las siete de la madrugada de la plaza vimiancesa, subieron por el monte Faro, bajaron por Tufións y luego llegaron a Muxía descubriendo su propio itinerario. Sin tanto afán religioso salieron a las diez de Camelle Iago Mouzo, Violeta Fernández, Lara García y Hugo Tajes. «Nós imos por dar un paseo», comentaron.

Los agentes desalojaron un botellón que se estaba celebrando en un piso del centro del pueblo

Ramón Pérez Barrientos, eterno responsable de la comisión de las fiestas, destacó la tranquilidad con la que se celebró la jornada grande de Muxía. A pesar de los temores a que acudiesen a la localidad muchos jóvenes a celebrar botellones, indicó que lo más serio fue que la Guardia Civil tuvo que desalojar un piso en el que se estaba celebrando una fiesta. «Avisáronlle e disolveuse», comentó. Hubo algún que otro intento, pero menor. Además de las misas, una charanga recorrió el pueblo y la música de gaitas también estuvo presente en las calles, que estaban prácticamente vacías. Un puesto de churros, otro de rosquillas y un tiovivo infantil en el puerto fue todo el alarde festivo ayer en Muxía.

Más vivible

Las multitudes desenfrenadas, los botellones y algún desmadre habían puesto en jaque la romería de la Barca en los últimos años. Hasta tal punto que había establecimientos que cerraban y muxiáns que preferían vivir su fiesta predilecta lejos del pueblo. El covid lo cambió todo y ayer fue la romería de la Barca más triste que recuerdan en Muxía. Los más viejos nunca había visto tal. No hay mal que por bien no venga. Igual es la oportunidad ideal para recuperar la romería de siempre y más vivible.

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