«O medo ao mar é o que che salva a vida»

PERSONAS CON HISTORIA | «É certo que ser mariscador é duro, pero todas as profesións teñen as súas cousas», dice la percebeira María del Mar Campos


Carballo / la voz

María del Mar no sabe muy bien cuál de sus padres le puso el nombre al nacer, pero cree que «algo» ya se olían de cómo sería esta muxiana en el futuro. María por su anclaje a la tierra y a los productos que esta ofrece. Y Mar... pues es evidente.

De su madre heredó la dedicación incondicional a una profesión que le permite saborear el dulzor de la adrenalina, lanzarse al peligro y dejarse azotar por un mar que, al mismo tiempo, le permite hacerse con el fruto que da. Cuando se sacó el carné de conducir solía llevar a su madre «aos percebes», y al finalizar la jornada volvía a recogerla en coche. «Ata que pensei que a min me compensaría ir tamén a eles, e así traía algo para a casa», señala la muxiana. Fue así como se fue metiendo poco a poco en el mundillo, hasta hoy.

Dice que en Muxía serán «cerca duns 80 percebeiros», aunque repartidos en diferentes zonas de la costa. Casi todos hombres, eso sí, las mujeres son una minoría. «Hai algunhas que veñen só cando se abren determinadas zonas menos complicadas», pero que se lancen por escarpadas paredes de piedra y se atrevan a adentrarse en las rocas de mayor dificultad, pocas.

Aunque no todo ha de ser atrevimiento y osadía, considera, ni siquiera cuando uno viene de semanas enteras de mala mar en las que no se ha podido salir a recoger el producto. «Hai que pensar que mañán é outro día, e que se hoxe non se pode, xa se volverá outro día. Pero cando levas arrastrando malas rachas, si que é certo que te metes de cheo. Ao que levas uns anos xa é algo que levas dentro e estás desexando xa saír. É a adrenalina».

Nunca ha tenido sustos «dos grandes», pero también es cierto que se cura en salud cuando percibe que viene algo gordo. «Eu ao mar témolle. Cando vexo que vén métome a correr para que non me pesque. O medo sálvache a vida», y añade la percebeira: «Se dende que a ola te mollou aínda non te tirou, entón agárrate forte, porque ata que a auga escape aínda estás en perigo».

Por el camino del medio

La lucha contra el furtivismo es diaria, incesante y tremendamente cansada, aunque lo peor es la impotencia de no poder hacer nada al respecto: «Furtivismo haino en moitos sitios, pero aquí dannos por tódolos lados», dice María del Mar. Y lo peor es que son ellos mismos quienes pagan las consecuencias, con controles más intensos de lo habitual: «Como leves medio quilo de máis...».

El Prestige pilló a esta muxiana con 17 años de bagaje y habiendo visto casi de todo. No quiere recordarlo: «Non quero nin pensar o que foi, unha catástrofe. Por Deus que non volva máis algo así».

Los achaques de asma que sufre de vez en cuando le recuerdan que ni siquiera los hombres y las mujeres de mar se vuelven inmunes a las tragedias: «Estou bastante escangallada por ir limpar [o chapapote]. Non era capaz de quedar. Vías aquilo tan negro... que te afanabas en corpo e alma».

Dice que ahora se sienten más tranquilos, porque ya ni siquiera se ven barcos pasar tan cerca de la línea de costa como antaño. «Tivo que pasar algo grave para que actuasen», apunta.

Manos en la tierra

Enterrar los dedos en la tierra fresca después de una mañana de mar es una experiencia que María del Mar disfruta a más no poder. «Encántame cultivar a horta, aínda que a veces, compartindo as dúas tarefas, case non me queda tempo para nada. Pero gústame saír no verán e apañar os meus pementos, cenorias... Todo fresco e ecolóxico, como eu sempre digo. Aínda que pode levar algún bichiño, pero iso é normal, porque non lle meto sulfato ningún».

En la actualidad son tres en casa, ya que sus dos hijas viven fuera -«Antes nas casas había un montón de xente, agora quedamos tres pelagatos»- y, aunque aprecian la calidad de un buen puñado de percebes, reconocen que los reservan para días señalados. «Unhas verduriñas valas usando tódolos días», señala entre risas: «Eu sempre digo que son moi verdulera [ri], e en tódolos sentidos. Sempre fago bromas cos compañeiros e todo».

Y es que, aunque reconoce que hay los típicos «piques» y rifirrafes, propios de cualquier puesto de trabajo, «ao final todos somos amigos e botámonos unha man cando». Una gran familia de hombres y mujeres de mar.

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