La emigración vista desde Muxía


«Familias enteras de éxodo continuado y creciente abandona el viejo solar de sus mayores tras el señuelo de América. Atraídas por el espejismo de fortunas improvisadas tras el océano, allá se van sin violencia, sin esfuerzo, sin dolor»..., publicó La Voz de Galicia del 1 de junio de 1911 el abogado corcubionés, y corresponsal del citado periódico, Alejandro Lastres Carrera. Esto fue lo que sucedió con los hermanos Benigno, Juan Antonio, Manuel, Ramón y Severino Abella Lago, nacidos en Santa Mariña (Coucieiro), Muxía. El primero de los hermanos, Benigno, soltero y jornalero, emigró para la Argentina con 17 años en 1912. Embarcó en Vigo en el vapor Santa Elena y arribó a Buenos Aires el 24 de diciembre. Fue recibido a pie de muelle por sus hermanos, Manuel y Severino, que hacía algo más de un año residían en la ciudad del Plata.

En 1938, con 40 años y la profesión de comerciante en Muxía, Benigno Abella, que había regresado a su terruño para quedarse, se encontró inmerso en la crisis económica y social provocada por la guerra civil en España. Y para escapar de aquella locura colectiva consiguió un salvoconducto y embarcar en Lisboa en el vapor Monte Rosa, marchando otra vez para la emigración. Con posterioridad efectuó algún que otro viaje de recreo a España.

Ramón Abella, soltero y jornalero, también emigró para el mismo país con 24 años en el vapor Orcoma, arribando a Buenos Aires el 3 de diciembre de 1919, sumándose a los demás hermanos. Con 35 años, en 1932 Ramón efectuó un viaje a España, regresando de nuevo a la Argentina en el vapor General Osorio, y arribando a Buenos Aires. Más tarde, en 1939 ingresó en la sociedad emigrante ABC del Partido de Corcubión cuando esta absorbió a la Hijos de Mugía. En cuanto a Severino Abella, también soltero y jornalero, emigró en 1911 con 18 años para el país austral embarcando en A Coruña en el Cap Arcona.

En 1929 estaba casado con Dolores Mayo, una mujer oriunda de Abelleira (Muros). Y Juan Antonio Abella emigró con 24 años, soltero y con la profesión de jornalero, en el vapor Arcona desde A Coruña y arribó a Buenos Aires el 3 de diciembre de 1919. Ocho años más tarde, con 32 años, y aún soltero, Juan Antonio efectuó un viaje a su tierra natal, volviendo para la Argentina en el vapor Wurttemberg el 3 de abril de 1928, fecha de su arribada a Buenos Aires. Por su parte, Manuel Abella se marchó a la emigración también con 18 años, soltero y con la profesión de labrador. Embarcó en A Coruña en el vapor Orita y arribó a Buenos Aires el 27 de noviembre de 1911, unos pocos meses después de haberlo hecho su hermano Severino. Desconocemos más detalles de sus recorridos vitales, familiares o profesionales; muy poco, por tanto. es lo que podemos conservar de su memoria.

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