Cambio de aires en la Barca de Muxía


«La Barca recupera su espíritu romero», veníamos leyendo estos últimos años, y en boca de los responsables que tomaron las riendas de su organización. Los que somos asiduos a la cita pensábamos: «¡Já! Más le gustaría...». Este año, sin embargo, nos hemos llevado una sorpresa al comprobar que ha sido una de las ediciones con menos incidencias registradas y con un ambiente festivo saludable y sin altercados a destacar, más que una lucha encarnizada entre dos chicas de la comarca que acabó por suspender la fiesta de manera «anticipada» (sobre las seis de la mañana, tampoco es que fuese tan temprano).

¿Hubo botellón? Por supuesto. ¿Hubo porquería por el suelo? También. Sin embargo, el ambiente respirado fue muy distinto al de otros años. Algo se está fraguando en la Barca, algo muy positivo que, de seguir por esta línea, podría terminar de relanzar una celebración que lleva varias temporadas de capa caída. Los veteranos, los que recuerdan esas tardes en las que peñas de 30 o 40 chavales montaban toldos kilométricos y asaban unas buenas tiras de churrasco la tarde del sábado, dicen que ya no se ven esos grandes grupos de amigos o vecinos, sino que cada vez la gente va más por libre y optan por alquilarse un bajo o un apartamento para poder, al menos, descansar en suelo firme.

En cuanto a las acampadas, está claro que el mosaico de color de las tiendas que uno veía al entrar en el pueblo ya no es tal, pero lo cierto es que ahora están más esparcidas: en la carretera al campo de fútbol, cerca de Lourido, bajando por la Ferida, en parcelas en el centro del pueblo...

En cuanto al campo de batalla propiamente dicho, la noche del sábado, con la París de Noia abriendo el cartel, convivían de manera más o menos pacífica en la plaza jóvenes, matrimonios adultos, adolescentes, jubilados e incluso niños. Cada uno en su pequeña parcela, pero abarrotaron una plaza que hacía años que no lucía tan a reventar. Varias fotos se hicieron virales el día siguiente en las redes sociales, incluyendo una imagen que retrató a las miles de personas que acudieron a la misa matinal del domingo.

Al final sí que va a ser cierto eso de que la Barca recupera su espíritu romero...

La mañana dominical se nutrió de un goteo constante de devotos que, mientras subían la empinada cuesta hacia el santuario, ponían su foco de atención en las resacosas caras de los fiesteros que apenas abrían los ojos después de una noche de fiesta. «Mira estes, durmindo no medio das silvas. Pero ben que rozaron primeiro... ¡Se fose para seus pais non habían rozar con tanta ansia!».

A modo de sugerencia para otros años: hacen falta más baños, y más cuidados. El olor a orines brotaba por doquier.

Autor Marta López CIUDADANA

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