La piratería hostelera multiplica las críticas negativas en el Camino

La valoración general es positiva, pero aparecen los mismos vicios que en otras rutas

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cee / la voz

Las valoraciones que hacen los peregrinos -también algún turista- el los principales foros relativos al Camino (Vive Camino, Gronze, American pilgrims, Eroski, Flecha Amarilla, Buen Camino...) son, en general, positivas. Se valora la excelencia paisajística, la buena comida, la hospitalidad... pero aquella magia inicial en la que todo era prácticamente perfecto e incluso la falta de servicios se valoraba como elemento de singularidad ha desaparecido. A poco que se bucee entre las opiniones de usuarios, sus quejas y demandas, enseguida afloran los mismos vicios que en otros tramos de la ruta, caso del Camino Francés, que por ser el más concurrido y explotado se ha convertido también en escenario de las principales tropelías.

Lo que más censuran, sobre todo los peregrinos, es el engaño, o el intentarlo. Vaya un ejemplo: «Frente al albergue público de Finisterre, me pidieron 6 euros por 2 desayunos (café con leche y cruasán). Tras reclamar el precio de la lista de precios del establecimiento por parecerme abusivo, me cobraron lo que en esta ponía, 4 euros. ¡Cuidado!», dice un usuario de Gronze identificado como Manuel Fernández, al que acto seguido contesta otro peregrino: «Los «mercaderes» de este templo deben saber que estamos unidos y sus fechorías les pasan factura».

La breve conversación resulta paradigmática porque ilustra realidades constatables en los localidades que han vivido un mayor bum turístico en estos años y por dejar entrever la particular manera que tienen los peregrinos de entender la ruta. Como ya han advertido varias veces asociaciones y estudiosos del Camino, lo último que desean es sentirse como mercancía turística y, además, reaccionan contra ese trato en una especie de respuesta colectiva.

«Concluido el tramite de recoger la muxiana, le solicité al ‘funcionario’ que está en el albergue que me permitiese darme una ducha, pues no pretendía quedarme en Muxía, sino seguir hasta Santiago, y en el más perfecto espíritu de protección al peregrino, me dijo, que eso eran cinco euros, el mismo coste que por el servicio de alojamiento», se queja otro caminante, que deja entrever claramente el trato al que aspiran este tipo de visitantes, aunque en ocasiones -como este ejemplo- ni siquiera se le pueda dispensar siguiendo las normas establecidas.

En cualquier caso, la valoración global tanto del destino Costa da Morte como de la mayoría de establecimientos es muy positiva. Hay pequeños hoteles en la zona que obtienen puntuaciones entre las más altas de España. Sin embargo, ver junto a ellos locales que un 70 % de calificaciones pésimas invita a la reflexión y a tomarse en serio si, como empiezan a decir algunas voces, tanto mercantilismo no alimenta el riesgo de cargarse este filón económico.

En principio, la mayoría de los análisis realizados estos días entre los profesionales inciden en el contexto generalizado de caída del turismo a nivel de toda España, por distintos factores como puede ser la recuperación de otros destinos mediterráneos. Sin embargo, autores como Antón Pombo o representantes políticos como el alcalde de Fisterra, sin entrar todavía en el alarmismo, sí invitan a ampliar el foco y ver en detalle qué es lo que está ocurriendo. Por el momento, nadie lo sabe a ciencia cierta, pero resulta difícil de rebatir que los comentarios negativos de los usuarios no ayudan.

Los comentarios

Sobre todo en Tripadvisor, las opiniones sobre algunos restaurantes invitan a la reflexión.

Espantoso. «No pidais caldeirada de pescado. Medio jurel cocido lleno de escamas, acompañado de patatas guisadas. Un asco, de verdad».

¿Paella? «Yo diría Avecrem con arroz, la peor que comí sin duda, con lo bien que se come por aquí en la costa, una pena...»

Almax de postre. «La paella normal, como las zamburiñas. Los gambones ración generosa. Y los chipirones nefastos: pequeños y nadando en aceitazo, en vez de en su tinta. Almax de postre a la fuerza».

Cantar a gritos. «Mientras cenamos se ponen a limpiar, a cantar a gritos, a hablar de un lado al otro del local... nos sentimos literalmente echados del sitio. [...] Típico sitio que vive de los turistas, al estar en pleno puerto, y que les da igual el trato, el servicio y todo».

Horroroso. «No tengo palabras para describir la sensación de timo q acabamos de sentir al salir de este restaurante... por favor no vayáis nadie... ¡Si hubiera leído las opiniones antes!. Nos hemos quedado helados cuando nos dio la cuenta después de comer muy poco y mal. Precio desorbitado».

Los comentarios

Sobre todo en Tripadvisor, las opiniones sobre algunos restaurantes invitan a la reflexión.

Espantoso. «No pidais caldeirada de pescado. Medio jurel cocido lleno de escamas, acompañado de patatas guisadas. Un asco, de verdad».

¿Paella? «Yo diría Avecrem con arroz, la peor que comí sin duda, con lo bien que se come por aquí en la costa, una pena...»

Almax de postre. «La paella normal, como las zamburiñas. Los gambones ración generosa. Y los chipirones nefastos: pequeños y nadando en aceitazo, en vez de en su tinta. Almax de postre a la fuerza».

Cantar a gritos. «Mientras cenamos se ponen a limpiar, a cantar a gritos, a hablar de un lado al otro del local... nos sentimos literalmente echados del sitio. [...] Típico sitio que vive de los turistas, al estar en pleno puerto, y que les da igual el trato, el servicio y todo».

Horroroso. «No tengo palabras para describir la sensación de timo q acabamos de sentir al salir de este restaurante... por favor no vayáis nadie... ¡Si hubiera leído las opiniones antes!. Nos hemos quedado helados cuando nos dio la cuenta después de comer muy poco y mal. Precio desorbitado».

Los comentarios

Sobre todo en Tripadvisor, las opiniones sobre algunos restaurantes invitan a la reflexión.

Espantoso. «No pidais caldeirada de pescado. Medio jurel cocido lleno de escamas, acompañado de patatas guisadas. Un asco, de verdad».

¿Paella? «Yo diría Avecrem con arroz, la peor que comí sin duda, con lo bien que se come por aquí en la costa, una pena...»

Almax de postre. «La paella normal, como las zamburiñas. Los gambones ración generosa. Y los chipirones nefastos: pequeños y nadando en aceitazo, en vez de en su tinta. Almax de postre a la fuerza».

Cantar a gritos. «Mientras cenamos se ponen a limpiar, a cantar a gritos, a hablar de un lado al otro del local... nos sentimos literalmente echados del sitio. [...] Típico sitio que vive de los turistas, al estar en pleno puerto, y que les da igual el trato, el servicio y todo».

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