Descubierta una alvariza monumental en el monte Faro, un punto clave en Galicia

Mide más de 250 metros cuadrados, su conservación es perfecta, y se debió usar hasta hace poco

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carballo / la voz

El municipio de Vimianzo y algunos puntos cercanos de la comarca de Fisterra (Muxía o Dumbría, especialmente) debió ser en algún tiempo un punto clave en la producción de mieles. Las abellarizas o alvarizas son relativamente frecuentes en esta zona, aunque con los años se han ido abandonando y, por tanto, desapareciendo del alcance e interés de las nuevas generaciones y, por supuesto, de las actuales necesidades económicas o productivas. Son joyas etnográficas, construidas con gran cuidado y saber heredado de generaciones, pero las que aún resisten en medio de los montes se cubren poco a poco de maleza, algo de lo que tampoco se libran las ligadas a las casas.

Por fortuna, miembros de algunas entidades dedican su tiempo a la recuperación de estos y otros elementos. Entre ellos, la Asociación pola Defensa do Patrimonio de Galicia (Apatrigal), y especialmente en la Costa da Morte Carme Toba Trillo, de Muxía, vocal de la junta directiva. Muchas horas en el monte, tras un trabajo previo que combina consulta a personas mayores, microtoponimia y barridos aéreos gracia a los mapas dan como fruto el hallazgo de joyas patrimoniales, que en todo caso no saldrían a la luz si en la caminata de varias horas no incluyese un fouciño para limpiar la maleza.

Así ha podido redescubrir varias avellarizas en la zona. Pero ninguna como una situada en las estribaciones del monte Faro, donde al menos hay otros cuatro elementos de diverso tamaño localizados. En este caso, esta alvariza está relativamente cerca de Carantoña o de la Casa do Prado, pero no es fácil llegar.

Gran superficie

No es un cuadrado perfecto, pero casi. El lado más largo mide 16,7 metros; otro, 16,3. El más pequeño, 13,9, debido a una estrechez. A su lado quedan los restos de lo que pudo ser un pequeño alpendre para los aperos o útiles de los propietarios. También queda a la vista otro habitáculo interior, pequeño. El muro de cierre está en excelentes condiciones (como el resto del conjunto), con salientes externos superiores para dificultar su acceso a los animales, y planos en el lado interno. El buxo (boj) de la entrada ha ido creciendo a su ritmo, lentamente. Posiblemente sus ramas se usaron para las limpiezas del recinto, que da la impresión de haber sido aprovechado hasta no hace muchos años.

Aún se ven panales perfectamente conservados. Pero lo más llamativo son las seis filas de losas, con 114 cortizos en total para las abejas. Tamaña instalación debió tener una altísima producción de miel. Unido a los otros lugares repartidos por el monte Faro, hacen de este enclave uno de los puntos claves de la apicultura de Galicia en los siglos pasados, además del valor patrimonial.

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