«Collino con vida do fondo, pero ao chegar a terra abriu os ollos e morreu»

El pregonero de las Rutas do Mar, José Manuel Carballo Ríos, tuvo el primer barco de hierro de Muxía, construyó chalanas de madera y fue uno de los ranas pioneros de la zona

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Carballo / la voz

José Manuel Carballo Ríos nació en 1948 en Muxía, en el seno de una familia «de terra». Su padre ganaba 17 pesetas, a repartir entre los ocho de la familia, por lo que muy pronto tuvo que buscarse la vida. Tenía poco más de 12 cuando se enroló por primera vez. Iban a la langosta y no había pasado un año cuando cayó por la borda. «Estaba a dar a nasas cando o barco cabeceou a alá vai. Non se enteraron de que caera. No mar fun despíndome, quitando as botas, o pantalón e a chaqueta de augas. Había un nordestiño fresco e vía terra, pero A Barca e Touriñán estaba a máis de catro millas e sabía que non chegaría a nado. Vin un barco e busqueille a proa para que me viran. Era o Nuevo Patiño. Ás 12 da mañá estaba no porto e o meu barco chegou as tres porque buscaron por min», explica.

Saber nadar y su sangre fría lo salvó y lo convirtió en uno de los más reputados ranas de la Costa da Morte. «Daquela só había un buzo en Camelle», recuerda. Empezó de buceador para ir al percebe a pulmón, pero llegó a estar federado en el Club del Mar de A Coruña, ya que hizo de ello un oficio, centrado especialmente en retirar cabos de las hélices y otras labores similares.

Por lo que no cobraba nada era por los rescates. Calcula que habrá recuperado una veintena de cuerpos. El primero fue José Manuel. No se le ha olvidado porque el muchacho, que había ido por a por unos percebes y estaba con su padre, llevaba su mismo nombre y era el día de san José. Él era un recién casado que comía en casa de sus suegros. Ese día no lo encontró pero al día siguiente fue a por él donde creía que debía estar y no donde había señalado el padre del fallecido. Solo un año después el hermano mayor moría también con su mujer, embarazada de unos meses. Eran de Morquintián. Iban también a los percebes. Ella lo sujetaba con una cuerda, él cayó y la arrastró.

Del que no se ha olvidado tampoco es de un muchacho que había ido a sustituir a su hermano, que se casaba al día siguiente.

Estaba en Fisterra desenganchando una red de la hélice de un barco cuando lo avisaron de que faltaba un hombre. «Era case noite e non sabían se faltaba había media hora ou dez minutos. Collino con vida no fondo, fun dándolle osíxeno da miña botella, e había un médico agardando, pero ao chegar a terra abriu os ollos e morreu. Non sei quen era, aínda hoxe. Nin as grazas dou a familia».

Por los rescates no cobraba nada, más bien le costaba dinero porque tenía que llevar las botellas, que pesaban 70 kilos, a rellenar a Carburos Metálicos, pero «se o facía eu faríano pola miña familia», algo que saben todos los que trabajan en el mar.

Aniversario de boda

Hoy, día del pregón, precisamente se cumplen 47 años desde que se casó. Su mujer, hija del «mellor percebeiro que houbo na Costa da Morte», aún no había cumplido los 16 y a los 20 ya había parido «catro monumentos», que les han dado hasta el momento siete nietos.

José Manuel nunca le tuvo miedo al mar, pero sí a conducir. Trabajó un tiempo en Merexo y se planteó la necesidad de tener coche. Fue su mujer la que tuvo que sacarse el carné. «Foi cunha barriga enorme e a uns días de aprobar o exame dou á luz ao terceiro». Hacía muy poco que era mayor de edad.

«Na ‘compañía’ nunca fun, porque meu pai era de terra, e pensaban que eu era un burro»

El primer barco de José Manuel Carballo fue el Churruca, que compró en Malpica. Después tuvo otros cuatro, pero fue patrón de ocho embarcaciones en total. Su último trabajo fue en el María Fátima. Unos días antes de jubilarse aún pescó dos meros de más de cien kilos cada uno de ellos.

También se dedicó mucho a las langostas, que entonces eran abundantes en la zona de pesca de Muxía. «Agora non hai nada polas artes de enmalle, que funden todo porque pasan moitos días no mar. Un peixe que enmalle é cebo», explica.

Él pescaba en los cantiles, pero «na compañía nunca fun porque meu pai era de terra e pensaban que era un burro, pero demostrei que era máis listo ca eles, dinlle co peixe na cara a todos», señala. En Muxía, como en otros lugares de la zona, muchos barcos pescaban juntos, los patrones se ayudaban unos a otros, es lo que José Manuel Carballo llama la compañía.

Tiene cuatro hijos de entre 47 y 42 años y alguno ha seguido su oficio. «Dinlle estudos aos que quixeron». El mayor ha recibido incluso condecoraciones de la Armada por sus servicios y una de sus hijas hizo Náutica Civil en A Coruña.

A este hijo de carpintero, que también hizo embarcaciones, le costó mucho jubilarse. «Nos primeiros dous ou tres anos soñaba que ía largando o palangre», explica. Ahora se quita el gusanillo saliendo a pescar con algún compañero: «Non me falta quen me leve», dice. Pero en casa se están planteando tener una embarcación propia. Sin embargo, el patrón del Porvenir, su último barco en propiedad, no tiene ninguna prisa, siente que tiene todo el tiempo del mundo.

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