cee / la voz

Desde que suena el teléfono con una llamada al 112 o a otro de los números de emergencias, o incluso antes en labores de prevención y control, hay toda una maquinaria humana y técnica que se activa para dar respuesta y, en último término, salvar vidas. Todos esos protocolos y equipamientos que manejan las distintas unidades de la Guardia Civil, la Policía Local y Protección Civil se convirtieron ayer en un atractivo, mitad lúdico-mitad educativo, para los alumnos de los colegios de Muxía: Virxe da Barca, Os Muíños y Vilarmide-Eduardo Noya, además de los pequeños de la Galiña Azul. No pudieron estar los del instituto porque, a estas alturas de curso, ya tienen cerradas ese tipo de actividades fuera del centro.

Aunque el helicóptero de la Guardia Civil ya tenía otro vuelo programado por lo que no pudo acercarse hasta la explanada del muelle muxián, el despliegue fue más que completo y, aunque los niños lo que más querían eran subirse a los vehículos (coches, furgones, todoterrenos, motos de Tráfico, Seprona, Policía Local...) y hacerse fotos con ellos, prestaron una atención más que razonable a las explicaciones de los profesionales en cuestiones como, por ejemplo, los primeros auxilios.

Un campo también abordado en el colegio A Igrexa de Brens el miércoles, en la jornada de convivencia con los compañeros del Eugenio López y de Pereiriña, donde los técnicos enseñaron desde reanimación cardiopulmonar hasta cómo se utilizan perros en tareas de rescate.

En ambos casos se trata del colofón a tareas formativas que se extienden todo el año en los centros, como explicaba el policía muxián Manel Blanco.

Los medidores de alcohol y drogas ya cogen en el bolsillo y a los de velocidad les falta muy poco

La clave fundamental en las actuaciones de emergencias es el capital humano: la formación de los profesionales, que es lo que le da las capacidades de actuar de manera correcta en situaciones muchas veces complejas en las que hay que decidir rápido. Pero como se vio ayer en Muxía, son muchas las herramientas que intervienen en estas tareas, algunas de ellas prácticamente de estreno, y que se emplean incluso antes de que se produzcan los siniestros de manera preventiva. Es el caso de los nuevos, y reducidos en cuanto a tamaño, radares de velocidad, pero hay mucho más. Por ejemplo, los medidores de alcohol, tanto de Tráfico como de la Policía Local tienen el tamaño de un móvil y con dispositivos prácticamente igual de pequeños pueden desde tener los primeros datos sobre si un conductor ha tomado drogas hasta comprobar que no se haya producido un fraude en el uso del combustible.

Ya cuando todo esa prevención falla o no es suficiente, entra todo lo demás, desde pinzas neumáticas para partir coches hasta todo lo necesario para auxiliar a los heridos.

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Las herramientas y las manos pensadas para salvar vidas