Barcos de la zona salen con media tripulación por falta de marineros

Los parados que no aspiran a estos empleos impiden la llegada de extranjeros


cee / la voz

El sueldo oscila entre los 1.400 y los 1.600 euros al mes, de media porque no es igual durante todo el año, y se descansa los fines de semana. Este puesto de trabajo existe en la Costa da Morte y, paradójicamente, si se miran las cifras de paro, no hay quien lo cubra. Los jóvenes no quieren ser marineros, o los que quieren tienen dificultades para acceder, más si se trata de extranjeros dispuestos a enrolarse, con lo que ya se está dando la situación, especialmente en Muxía que es donde más se quejan, de barcos para ocho tripulantes que trabajan con cuatro y de pesqueros importantes y rentables camino del amarre o el desguace. Sin embargo, la situación se repite en otros muchos puertos gallegos y del Cantábrico y no tiene pinta de que se vaya a solucionar a corto plazo.

El problema viene ya de lejos y, hasta ahora, se solucionaba con la llegada de extranjeros, pero, como denuncian los armadores, las condiciones para su incorporación lo hacen prácticamente inviable. La clave está en lo que se conoce como certificado negativo, que lo tiene que dar Empleo y consiste, básicamente, en determinar que se trata de una profesión de difícil cobertura en la que, por tanto, cabe abrir la mano a la llegada de extranjeros. Ahora bien, eso se determina en base a los datos del paro, y, en el entorno, según los datos trasladados por el SEPES, el antiguo Inem a algunos empresarios, existen más de 1.000 personas en esta situación. Sin embargo, como denuncian los armadores, en su inmensa mayoría no se trata de gente que esté buscando trabajo, sino simplemente anotada para percibir una prestación, con lo que en las entrevistas -algunas de ellas en la propia sede del Inem- salta a la vista que no pretenden incorporarse.

En resumen: no hay jóvenes que quieran meterse en el mar y tampoco se facilita la llegada de extranjeros, con lo que los armadores se ven muy limitados.

Nacho Castro, el secretario de la cofradía de Muxía, de las más afectadas de la zona, aunque, como dice «o problema non é exclusivo de aquí», lo enmarca todo en el contexto social. «Todos queremos que os nosos fillos sexan médicos, enxeñeiros, avogados... e hoxe, con 17-18 anos, nin sequera pensan nunha saída laboral. Quedan nas casas dos pais ata os 30 ou máis e iso débese ao modelo social superproteccionista que temos cos nosos fillos. Por tanto vainos pasar o que xa pasou antes en Francia ou en Alemaña, que nos imos ver condenados a importar porque non somos capaces de manter a produtividade do sector primario», señala Castro.

El técnico incide en que la solución a la otra parte, la de la llegada de extranjeros, está en las manos de varios ministerios, porque en la actualidad, aunque el problema se arrastra ya desde hace varios años, todo son trabas para los permisos de trabajo. Lo de la incorporación de nacionales precisaría de un cambio de paradigma sobre la «comodidad social» en la que el paro se entendiese como un recurso para salir adelante durante unos meses y no «para estar dous anos tirado mamando do teto».

«Se isto segue así nuns anos vaise acabar, porque non tes de quen botar man para traballar»

La problemática es generalizada desde la desembocadura del Miño hasta Bayona en Francia, como explican desde la Asociación de Palangreros del Cantábrico Noroeste. Su vicepresidente, el armador de Celeiro Antonio Fernández, pinta un panorama futuro verdaderamente preocupante. «Isto, se segue así, nuns anos vaise acabar, porque non tes de quen botar man para traballar e xa non digo só mariñeiros, senón patróns e mecánicos. Ou habilitan os títulos que hai para chegar a máis millas ou non sei como vai ser, porque cursos tes así un en Ribeira e outro en Ferrol de vez en cando. Non hai moitos», señala.

El presidente, el asturiano Saturnino Álvarez, va más allá y habla de una interrupción del relevo generacional por varias vías, desde la excesiva burocratización hasta el alejamiento de los chavales de la profesión de sus padres. «Yo recuerdo de chavalín, que cuando llegaba el bonito cogías, saltabas al barco y ayudabas. Hoy haces eso y al armador le puede caer un buen paquete. Nos bañábamos en el muelle, íbamos a pescar. Estabas en contacto con ese mudo y, al cumplir los 16, decidías ir a la mar porque estabas en ese ambiente. Se cortó la afición, gente por detrás no hay y esto va a ir a menos», sentencia Álvarez, quien también denuncia la maraña administrativa. «Cuando yo embarqué en el 74, te pedían la que se llamaba competencia marinera: saber nadar,... cuatro cosas que te las daba el Capitán Marítimo en el día, porque la competencia de verdad se la demostrabas a tu patrón y la cogías con el trabajo. Hoy un chaval tiene que hacer hasta dos años de cursos, cuando los hay, y pagarlos», se queja el armador.

«Hai mariñeiros coma area no paro que non queren ir ao mar»

Daniel Castro, el patrón mayor de Muxía, señala que «hai mariñeiros coma area no paro que non queren ir ao mar», porque viven mejor cobrando la prestación y «andando de furtivos», por lo que, para él, el principal culpable es «un Goberno que consente», en este y otros ámbitos. «A Seguridade Social está para axudarlle á xente maior, enferma,... pero non para que cos meus impostos, cos teus e cos do outro se lle estea pagando a xente que ten saúde coma area por non facer nada, e eu teña que estar con 60 anos indo para o mar», señala tajante Castro, que ve como la gente de su generación se está retirando y no percibe que venga detrás otra consistente para relevarla. De ahí que intuya que se van a empezar a ver cada vez más barcos amarrados e en el desguace.

«Aquí barcos amarrados por falta de xente non hai, de momento»

El patrón mayor de Malpica, Pedro Martelo, explica que en su cofradía y entre los compañeros, por lo que él sabe, la situación es de bastante rotación pero normalidad en cuanto a personal. «Marcha un, vén outro para o sitio, pero ata o de agora aquí barcos amarrados por falta de xente non hai ningún, de momento. Polo menos que eu saiba».

Lo que sí ha detectado en los últimos años es una presencia cada vez mayor de personal extranjero entre las tripulaciones de los barcos. «Iso vai cambiando. Había moitos indonesios e agora penso que non queda ningún. A maioría son africanos: caboverdianos e, sobre todo, de Senegal, é de onde máis hai», concluye Martelo, que tampoco puede predecir cómo evolucionará la situación en un futuro.

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