Avalancha y caos en el registro de las patatas, obligatorio en Muxía

Los funcionarios no dan abasto e incluso tuvo que intervenir la policía para pedir orden


cee / la voz

La respuesta de los vecinos de Muxía a la orden de Medio Rural para que registren las plantaciones de patata y también la que tienen almacenada para consumo y siembra ha sido masiva y, con ella, también el caos en el que ha quedado sumido el Concello de Muxía. Decenas de personas esperan turno cada día en el salón de plenos e incluso se han producido ya situaciones de tensión, porque hay mucha gente mayor poco avezada en los trámites administrativos y siempre aparece algún espabilado con intención de colarse. De ahí que el miércoles incluso tuviese que subir la Policía Local para pedir orden.

Las funcionarias que en principio eran dos y ahora ya son tres están desbordadas. Cuando llegan a las diez de la mañana ya tienen una gran cola esperando y, aunque en lugar de a las dos, varios días salen a las tres o tres y media de la tarde, no dan hecho. Incluso una funcionaria municipal de Urbanismo se está encargando de tramitarle los registros a través del Portelo Único. Por si fuese poco, solo hay dos equipos informáticos, con lo que el que llega sin saber la referencia catastral de su finca no puede ser atendido indistintamente en cualquiera de los puestos. Pasaron en torno a 85 personas cada día, pero la sensación ya es de que no va a dar tiempo antes del 20.

«O lóxico sería que primeiro repartisen os sacos, porque cando collemos as patacas para autoconsumo non as pesamos e agora tés que vir aquí declarar sen saber o que. Ademais debíano facer por parroquias, en vez de por o Concello todo a un correr para que agora haxa estas esperas», se quejaba un vecino que pidió la reserva de su identidad y que lleva ya tres días acudiendo a por sacos, sin éxito.

«Polo visto hai que arrancalas todas segundo vaian nacendo»

En casa de Martín Castiñeira Blanco (Castelo-San Martiño de Ozón) solo son dos para comer y esporádicamente su hermana con lo que siembran poco. «Botáramos xa dous saquiños dos pequenos e íamos poñer algúns máis, pero pouca cousa. Agora polo visto hainas que ir arrancando todas, as que xa están nacidas e as outras segundo vaian nacendo», explica. En su caso se trata de una finca minúscula, y «aínda que sempre che dá rabia ter que sacar as poucas que puxestes, é ben peor para o que teña botado moitas». Martín si entiende que haya que retirar la patata almacenada para consumo y también la que estaba lista para sembrar, pero a esta medida concreta no le ve «moita razón de ser». En cualquier caso, destaca que «é algo que non depende de nós», y toda vez que la normativa está dictada no queda otra que cumplirla. Por tanto, también le tocó pasar ayer buena parte de la mañana en el Concello y todavía le quedan varios trámites más, como la retirada física de la patata, para acabar con esto.

«Levo desde as dez da mañá, teño o número 41 e aínda van no 25»

Manuel Val Lema, de Castelos, en Moraime, se quejaba ayer de la espera. «Hai moita xente, son solo tres persoas e vai moi lento. Eu levo aquí desde as dez da mañá e teño o número 41. Son as doce e media e aínda van no 25», ejemplificaba el jubilado que, por problemas de salud que tienen en la familia este año ya no tenía pensado sembrar. «Nós non é máis que apuntar as que temos gardadas na barra do ano pasado», especificaba Manuel, pese a la cual le tocaba esperar igual.

La lluvia empieza a ser ya preocupante para todos los sectores del trabajo en el campo

Al margen de la patata, que, como explican en Coristanco ya debía estar plantado entre el 20 y el 30 %, la sucesión de borrascas, que no se espera que cesen hasta la semana que viene, está retrasando, sin excepción, todos los trabajos del campo propios de esta época. De hecho, empieza a ser ya verdaderamente preocupante en varios sectores.

El más potente, a nivel económico y de empleo, la ganadería de leche, que en concellos como Dumbría, Vimianzo o Zas es casi el único, se ha topado con que los pozos de purín están a punto de desbordar, porque no se pudo esparcir. Los ganaderos que iban a dos cortes de hierba, difícilmente podrán hacerlo porque el tiempo no da, sobre todo si se pretende sembrar también maíz, y ni siquiera saben cuándo podrán meterse en las fincas sin destrozarlas con la maquinaria. Todo ello va a dar lugar al colapso de las empresas de servicios en cuanto salga el sol y a una merma en calidad y cantidad del forraje que se traduce en más gasto en pienso.

En la huerta la cosa tampoco pinta mejor, porque como explica Cristina Vázquez, de Horta do Noroeste, las acelgas, espinacas y calabacín que debían estar plantadas siguen en los viveros. «Así non podes facer nada fóra, solo traballar dentro», sentencia.

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