El «hermano» de Molina de Aragón sí que avanza

Es un caso semejante al de Muxía: ambos nacieron de una tragedia


Si hay un caso semejante al de Muxía es el de Molina de Aragón, en Guadalajara. Ambos nacieron de una tragedia: el Prestige, en el 2002, y un incendio que se cobró varias vidas, en el 2005. En ambos casos salieron del Gobierno para compensar a las respectivas una comarcas de la imagen que dejaban y ofrecerles un revulsivo turístico.

Ambos proyectos comparten un sinfín de vicisitudes de todo tipo: políticas y administrativas. A veces iba uno delante, y a veces otro. Parecían un espejo; que si retraso en la compra de terrenos, que si en la presentación del proyecto definitivo, que si las mismas cantidades en los Presupuestos del Estado que al final nunca se gastaban, el viaje de los dos alcaldes (el alcarreño ha cambiado: ahora es del PP) al Congreso para ver la aprobación de una enmienda que facilitaría las obras.... Incluso en ambos casos fueron adjudicadas a Tragsa.

La obra de Muxía llevaba una buena delantera, hasta que paró el año pasado. Fue justo en el 2015 cuando empezaron los trabajos en tierras castellanas, orientados al castillo de Molina, en una parcela de 26.000 metros cuadrados de una zona alta. En la presentación, en marzo del 2015, a pie de las murallas de la localidad, estuvieron el entonces ministro de Industria, José Manuel Soria (en Muxía, Miguel Sebastián, además del de Justicia, el ceense Francisco Caamaño), y la que era presidenta de la Junta, Dolores de Cospedal. Hacia finales de año llegaron las máquinas. Ayer, desde el Ayuntamiento de Molina, confirmaban que siguen adelante. Habrá que ver si alcanzan pronto el nivel de ejecución de Muxía. Y, sobre todo, si terminan juntos.

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