Los tesoros escondidos de la comarca

Muy cerca de la desembocadura del río Castro suena una cascada cuyo acceso es imposible a causa de la maleza


Carballo / La Voz

Todas las tierras tienen sus tesoros escondidos. Y la Costa da Morte, también. Algunas se pueden descubrir con las Andainas que organizan nueve concellos. Ya comenzaron el 16 de abril, un sábado de lluvia copiosa. Aun así, unos noventa pertinaces caminantes desafiaron el agua y cumplieron la ruta. La mojadura fue de campeonato, pero la satisfacción, también, según comentaron algunos de los participantes.

Más plácida fue la segunda convocatoria, el Roteiro Meigha Lirea, por Cee, el 20 de abril. El pasado sábado llegó la tercera. Iba a ser de Nemiña ás Caldeiras do Castro, si no fuese por el mal estado del camino, que obligó a acortar un tramo. Más de doscientos caminantes se juntaron en A Ponte Constante, en el límite con Cee para andar por los montes de Muxía hasta el mar de Nemiña. La comitiva llevaba cierta prisa, pero siempre hay gente que se lo toma con más parsimonia. La conversación distrae, pero es imposible no prestar atención a la antigua casona de Sambade, en fase de restauración por Francis Heybrook. Es una antigua construcción seguramente levantada por un labrador pudiente. Sus sillares y arquitectura así lo delatan. Al salir de esta aldea de Buiturón hay cuatro carballos que adornan la despedida, pero luego predominan los eucaliptos y los caminos de tractor. «Fai un día perfecto para andar», se oye decir entre la expedición, que parecía entrenada a pesar de los rigores del invierno.

Pronto aparece la iglesia de Frixe. Mientras una parte del grupo se entretiene con un tentempié, otros se ocupan en admirar las hechuras románicas del templo parroquial. El arco del pórtico, con sus columnas y capiteles con adornos vegetales, los canecillos exteriores de la pared sur del ábside y la hornacina con la imagen de la patrona, Santa Leocadia, fueron los puntos principales de los objetivos de las cámaras y los móviles. No están muy fáciles de ver las marcas de los canteros, iguales a las que aparecen en las iglesias de Cereixo y Nemiña.

A la salida, de nuevo el verde, con unos laureles y un rebaño de ovejas, que despiden a los caminantes con sus balidos. Al abandonar Frixe aparece una avenida de acacias. El tramo de bosque siguiente esconde uno de esos tesoros de los que nadie habla. El riachuelo que baja de la zona de Loalo se encuentra unos metros más abajo con el Castro. Escondida entre la maleza suena una cascada. Más adelante se advierte que debe ser un espacio hermoso, pero el velo de árboles, tojos y zarzas impide acercarse. Una buena limpieza regalaría un espléndido lugar para visitar. Otras caldeiras, pero muy cerca de la desembocadura del Castro. Unos pasos más adelante ya aparecen las instalaciones de la piscifactoría Tres Mares, durante muchos años la más grande de todas las españolas.

El último tramo corresponde al camino que parte el sistema dunar de Nemiña, con la vista sobre el mar yendo y viniendo por el arenal. Una imagen relajante para poner fin a la tercera Andaina Coñece a Costa da Morte.

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