Muxía, tierra de singularidad

Jorge Mira abrió la fiesta destacando aquello que hace única a la localidad

Jorge Mira y el alcalde muxián, Félix Porto, durante el pregón, que estuvo pasado por agua.
Jorge Mira y el alcalde muxián, Félix Porto, durante el pregón, que estuvo pasado por agua.

«Aos que vivides aquí évos difícil ter unha visión correcta da sorte que tedes por ser de Muxía». Así arrancó el pregón con el que el físico baiés Jorge Mira inauguró a última hora de ayer las fiestas da Barca. Y esa afirmación, que podría parecer un cumplido típico de estos discursos, se tornó en realidad cuando Mira comenzó a enumerar algunas de las singularidades de una localidad y de una fiesta que despiertan en él una pasión de ascendencia familiar. «Meu avó, sendo ateo declarado, era fiel desta Virxe», confesó el catedrático.

Sus recuerdos de la infancia de un lugar donde «todo ocorre ao grande» -incluso los desastres- dieron paso a un análisis de inspiración clásica en el que los cuatro elementos primordiales (fuego, agua, aire y tierra) encontraron sus respectivos equivalentes en el rayo que golpeó el santuario para renovarlo «cal Ave Fénix», el mar que baña sus pies, el viento «que peta que dá gusto, como ben sabemos aqueles que trouxemos aquí un mantel para comer enriba das pedras» y las rocas convertidas en «obra de arte e de enxeñaría» capaces de abalar. «Pero para min -prosiguió- a esencia do voso tesouro é a vosa situación no mapa».

Hermandad europea

Mira recordó su hallazgo de que Touriñán es, durante un par de meses, el punto de Europa continental donde más tarde se pone el sol y aprovechó esta curiosa circunstancia para hacer una propuesta que involucra a los otros cuatro puntos (dos en Portugal y otros dos en Noruega) con los que la localidad comparte esa condición: «Se o sol creou esa irmandade, que os responsables públicos a recollan e formen unha fraternidade internacional: a dos concellos ou rexións co último solpor de Europa».

«Coidade da vosa singularidade, unha invocación que fago tamén a outro tipo de devotos romeiros: os botelloneiros, para que sexan conscientes que, alén desa longa verbena que dura ata que se fai de día, alén do ruído que botan todas esas bombas estalando xuntas, hai unhas realidades moi profundas que converten a Muxía nun punto especial do mapa», concluyó.

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