Una aproximación a los tesoros ocultos de Muxía

Casi 300 personas visitaron algunas de las joyas de la historia y el paisaje del municipio con el programa Andainas

Cascada del río Negro.
Cascada del río Negro.

Carballo / La Voz

Caminar Muxía es tarea de años. Es un mundo. Casi 300 senderistas quisieron adivinar ayer alguno de sus tesoros, pero se quedó en una leve aproximación con ocasión de las Andainas Coñece a Costa da Morte. La marcha comenzó junto al santuario de A Barca, cuya restauración fue denostada estos días por los vecinos. Sin embargo, el recinto no perdió un ápice de su grandiosidad. Camino a la Ferida, quedaba el Atlántico a la espalda. Nada más bajar aparecieron ya los secaderos de congrio, cargados de pescado con vistas a los santuarios de la gastronomía aragonesa.

Una parte de los caminantes iban como huidos, pero la costa muxiana bien se merece cierto reposo visual. Al acercarse a Figueiras los espinos ya están en flor y huele a madreselvas. La primavera también se manifiesta ya en los laureles. A los márgenes de los caminos se mantienen las paredes robustas de antiguas heredades. Oruxo es la siguiente aldea. Un hórreo construido en ángulo recto refleja viejos pleitos entre parientes, que a veces obligan a arquitecturas complicadas.

Moraime se aproxima entre camelias, primero rojas y luego blancas, y el tañido de campanas para un funeral de aniversario. Fue abadía, luego priorato y ahora es iglesia parroquial. Entre las paredes del viejo monasterio de crio el rey Alfonso VII. Fue atacada e incendiada por piratas. San Xián de Moraime es tal vez el enclave histórico más importante de la Costa da Morte. Allí hay restos romanos, medievales, su arquitectura románica y sus pinturas góticas están a punto de perderse para siempre y está muy abandonado. Lo contó la técnica Viki Ribadulla a los caminantes, que emprendieron la bajada hacia el río Negro por una calzada de otros tiempos.

Entre las casas de Os Muíños se esconden antiguas balaustradas, relojes de sol y otros elementos de olvidado señorío. El paseo por el río Negro se inaugura con una cascada fabulosa. Siguen los molinos y, finalmente, aparece el mar de nuevo como salido de entre la maleza. Chorente, con su piedra renovada, es ya la antesala de Muxía.

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