¡Hasta el agosto que viene!: «Vemos a la familia y a los amigos 15 días, de verano en verano»
MALPICA DE BERGANTIÑOS
Para Merche y Julio, las vacaciones estivales significan regresar al sitio en el que disfrutar de su gente. Cada año, el viaje se vuelve imprescindible. En ese punto reciben su especial vitamina D. Son momentos de cariño y de confidencias. Les gusta tener a qué ir más allá del paisaje y la gastronomía
07 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El verano sabe a salitre, a noches de fiestas y a un estado de felicidad infinita. El buen tiempo anima a hacer planes, socializar y pasárselo en grande. Al igual que hay amores de verano, la amistad también es un afecto que se alimenta con más énfasis si cabe en esta época del año. Las terrazas, los paseos por la playa y las largas sobremesas nutren lazos forjados desde la infancia. ¡Es el mejor momento para sacar a relucir las anécdotas de toda una vida juntos!
Hay amigos que se ven por estas fechas de año en año. Es su especial vitamina D. A la pequeña localidad costera de Malpica de Bergantiños siempre regresan cuando el sol más aprieta la lugareña Merche Núñez Verdes, de 52 años (en la foto, tercera por la derecha), y su marido, el madrileño Julio Rozas Jiménez, de 55 (en el centro). Allí los espera con los brazos abiertos su tropa. Están afincados en Alcobendas, pero este municipio coruñés es siempre su refugio en la temporada alta. En él conserva a sus amigas de la escuela Merche. Curiosamente, también fue donde conoció a Julio hace ya más de 30 años. Él veraneaba en esta villa de la Costa da Morte. Un período de tiempo en el que han ido forjando nuevas amistades y una pequeña gran familia. Las vacaciones les sirven también para reencontrarse con la familia por parte de Merche.
Marta, Ricardo, Loli, Ana, Richard, Sheila, Carmen, María, Suso, Tere, Kike, Manolo, Miguel, María, Marcos, Raquel, Sandra, Ramón, Begoña, Fernando, Carlos, Rosa, Javi... La lista se vuelve interminable, pues hay quedadas a las que también se suman los hijos de algunos de ellos. Merche y Julio incluso destacan a los dueños de varios establecimientos hosteleros del pueblo y a los vecinos, como Teresa y Liso, por su gentileza. Para ellos Malpica es destino fijo. «Siempre volvemos y solemos echar quince días. Se está muy a gusto», dicen.
Junto a la brisa del mar los esperan amigos de distintas edades. «De la nuestra, pero también de otras porque vamos conociendo a amigos suyos con los que al año siguiente ya te relacionas. Eso pasa mucho aquí», comentan entre risas. Este verano recalaron en Galicia la primera quincena de agosto. «El día que llegamos quedamos para tomar algo y terminamos cenando juntos y de copas en un festival local de rock», relatan. Les gusta «tener a qué venir. La amistad es muy importante; para nosotros, lo más importante es la gente con la que te reencuentras», resaltan. Comentan que hubo veranos en los que no vieron el sol, pero «lo que queda es el resto, ese ambiente que se forma. En otros sitios te faltan esos momentos de cariño y confidencias. Esas charlas que tienes en la puerta de casa, que podemos estar hablando una hora».
EN LOS BARES
Las quedadas suelen ser en los distintos locales hosteleros de la villa, donde se cuentan lo que pasó en el año, lo bueno y lo malo. «Que te reciban con los brazos abiertos es como si la última vez que nos hubiésemos visto fuese ayer y no un año atrás. ‘‘Qué tal, madrileños?’’, nos dicen siempre», relatan. Merche y Julio descansan mientras gran parte de sus amigos trabajan. Es por eso que el ritmo lo marcan sus compañeros: «Quedamos los viernes y los sábados, que es cuando más disponibles están ellos». En una localidad marinera como es Malpica, el plan ya les viene hecho. Cumplen así con la tradición de hacer un recorrido por los bares en la tarde-noche para tomarse unos vinos y picar algo. «Nosotros no estábamos acostumbrados», confiesan entre risas. Unos instantes que dan lugar a largas charlas que, como ellos dicen, no las tienen un día normal: «El verano nos relaja». A ellos y a todos. La pareja siempre está disponible: «Nos dicen: ‘‘¿Baixades?’’. ¡Bajamos! En agosto se animan mucho, el verano es corto. Nosotros no tenemos hora, ¡hasta que el último se rinda!».
Su hijo Julio, de 30 años, también los suele acompañar. Le gusta la tranquilidad de Malpica: «Viene cansado conduciendo, pero es llegar y le cambia la expresión», aseguran sus padres, quienes alguna vez recibieron a los amigos en Alcobendas, pero la cita veraniega es clave: «Siempre nos preguntan: ‘‘E vós cando vides?’’».
Este matrimonio destaca la calidad de vida que encuentran en este pueblo gallego. «Todo es diferente», coinciden en señalar. Julio, cuando está estresado en el trabajo en el supermercado, piensa en la calle principal de Malpica y asegura que ya se relaja. Merche lo aplica a imaginarse descalza en la arena. Les gusta ir un rato a la playa y salir a caminar; una afición, esta última, que también comparten con algunos amigos con los que han hecho rutas por la zona. A Julio le encanta pescar en el puerto. «Nos sentamos siempre en la curva del paseo marítimo que separa Area Maior de la playa de Canido y nos quedamos mirando a los surfistas y el mar, si está bravo», explican.
Suelen probar las sardinas a la brasa cada verano: «Nos gustan tanto como el marisco, al igual que las patatas con huevos y la lechuga y los tomates de la huerta. En Madrid, la patata es amarilla y dulce; aquí, blanca y más rica. El pulpo y el raxo son dos platos fijos». Con la familia disfrutan de churrascadas y también hacen algunas escapadas: «Estuvimos en Caión viendo las carrilanchas y qué divertido». En pareja se recorren muchos de los lugares turísticos de Galicia, sitios que en la Comunidad de Madrid dicen no tener.
Los días antes del viaje de vuelta a casa son duros, confiesan, especialmente para Merche: «Me dicen: ‘‘Xa queda un día menos’’». Es una tierra que echa de menos el resto del año, aunque la humedad le afecta mucho, sobre todo, en los inviernos. De ahí que aprovechen la llegada del buen tiempo para emprender el viaje a la Costa da Morte. Y a la hora de despedirse de los suyos, se dicen hasta pronto. Nada de eventos especiales o lloreras. Para ellos, cuando parten de Malpica se termina el verano. «¡Aquí anochece más tarde!», recuerdan.
Dicen estar rodeados de muy buena gente: «No somos amigos, somos de la familia. Una familia que cultivas tú. Te hacen las vacaciones más agradables». En este rincón gallego encuentran una cercanía que «marca la diferencia»: «La gente mayor te da los buenos días. Los hosteleros como Paco de Tano, Luis y Nora, Dani y Beti o Jorge te hacen sentir como en casa. Te preguntan qué tal y te pitan por la calle. Otros antiguos compañeros de la escuela te saludan». El resto del año, Merche y Julio mantienen el contacto con los gallegos por WhatsApp, pero, en realidad, unos y otros cuentan los días para que llegue el verano.