Algunos de los restos del viejo parque eólico de Malpica siguen a la espera de destino

El espacio ya parece un vertedero de basura industrial


carballo / la voz

En marzo del 2017, hace ya casi cuatro años, comenzaba el desmantelamiento del parque eólico de Malpica. Era casi una pieza de museo, repartido en 69 molinos levantados en 1997, de los primeros de Galicia. Como le había ocurrido al de Vilán, y después a otros, los viejos se iban para que vinieran los nuevos, solo siete, pero más altos y más fuertes, con la misma potencia, estrenados en febrero del 2018. Buena parte de aquellas máquinas pioneras y todos sus complementos salieron a la venta por un gestor autorizado y especializado. Pero algunos ahí se quedaron y siguen a la espera de destino.

Y sin moverse desde entonces: aquellos fustes bien colocados en su momento están como estaban, pero ya casi cubiertos de maleza, y numerosos restos de aparatos eléctricos ocupan el interior de las nueve casetas desperdigadas al estilo de un pequeño poblado. Todo ello, justo en el arranque de la carretera al parque y a Punta Nariga, arriba del cementerio y capilla de San Nicolás, pegado a un terreno donde una vez hubo enigmático parque de recreo, con juegos y todo, ya desaparecido.

Todo ello empieza a parecerse a un vertedero de basura industrial. El abandono hace mella en todos los elementos allí depositados y los vándalos también hacen su trabajo, con lo que muchas piezas se deterioran aún más. Aun así, esas malas vistas las compensan las excelentes de los dos miradores metálicos que abrazan el Atlántico.

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