«O barro de Buño é a nosa identidade»

Buño es el último pueblo oleiro de Galicia. Once alfareros integran la Asociación Oleira, que preside Carmen Isabel Labrador, la mujer que hizo que el torno dejase de ser cosa de hombres. Se avecina «Buño deMostra»


carballo / la voz

«Dende o momento no que me metín no torno, cheguei á casa e dixen que quería ser oleira, decidín que sería para sempre. Nunca deixou de gustarme», asegura Carmen Isabel Labrador Fariña (1955). Allá por los 70, y sin ascendencia artesana, se introdujo en un oficio tradicionalmente masculino: el torno estaba vetado, en cierto modo, a las mujeres, y ella promovió así, de alguna manera, una revolución en Buño (Malpica, A Coruña), el «último pobo oleiro de Galicia», como se reivindican. No solo se hizo un hueco destacado, sino que asumió hace ya años la presidencia de la Asociación Oleira de Buño, el mayor colectivo de alfareros que queda en la comunidad: «Somos 11 oleiros, noutros pobos [cita Niñodaguia, Gundivós o Bonxe] quedan moitos menos».

No está siendo un año fácil, a causa del covid-19: las cancelaciones de ceremonias, fiestas, aniversarios o pruebas deportivas han dejado a estos artesanos con pedidos anulados o con encargos que no han sido recogidos, piezas que no podrán reutilizar. Un 2020 negro. «Non podemos dicir que isto fose para nós sós, porque sería unha soberbia. Afecta a todos, pero si, somos deses colectivos que quedaron sen traballo», sopesa Carmen Isabel.

El miedo, los aforos, la indecisión y el no haber recibido subvención los ha llevado a la cancelación de la que sería la 37.ª edición de la Mostra da Oleiría. No la habrá como tal, como venía siendo, pero sí promueven, junto con el Concello, una serie de actividades que empezarán este viernes, bajo el nombre de Buño deMostra. Se trata, por un lado, de «demostrar» respeto al contexto sanitario y respeto a una artesanía identitaria. Por otro, intentan mantenerse visibles: «Que a xente saiba que estamos aquí, que seguimos aquí, fainos moita falta».

Lo que propone Buño deMostra es revisitar la localidad, reconectar con su cultura, con su tradición, con unas raíces que reforzaron a través de la vanguardia. Además de las exposiciones en el ecomuseo Forno do Forte, se sacarán los tornos al exterior, avanza Labrador. Habrá rutas, conciertos y estarán tiendas y talleres abiertos (en torno a una docena), señalizados. No habrá los estands de otros años, pero este nuevo concepto promueve una reflexión, el redescubrimiento de un macromuseo al que hay que añadir los hornos. «Vai estar moi ben o de abrir os talleres, porque uns artesáns estarán no torno, outros enfornando...», valora.

Asegura que Buño es especial por su tradición: hay piezas y documentos del siglo XVI, pero ya entonces era un oficio consolidado. «Isto seguiu perdurando, e sempre con barro de aquí, de Buño, a nosa identidade. Un barro apto para as tarteiras, para cociñar. A olería de Buño nunca deixou de existir. Hai pezas tradicionais marabillosas, que agora son máis para decoración, pero que valerían para uso. Fóronse facendo ademais outras novas, cun lote de cores, formas...», da cuenta. Labrador es disciplinada en su horario: es arte y «traballo». No le quedan lejos los 65 años y avista la retirada, o eso dice. Su hija tiene carta de artesana y, aunque no maneja el torno, «si fai cousas». El legado que continúa.

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