«No pican, pero nos quitamos el mono»

Los pescadores acudieron con sus cañas este lunes al muelle tras levantarse la prohibición


a coruña / la voz

El día que tanto esperaban los amantes de la pesca recreativa fue un desastre en cuanto a capturas. La mayoría regresó a casa y en su cesta no se coló ni un jurelito. Pero eso es lo de menos. Porque lo que les importa de verdad es lanzar el anzuelo y charlar durante la espera. De las terrazas, de la economía, del edificio acristalado que en mayo iba a abrir en la zona y no pudo aún, de sus correrías de juventud... En la zona del Parrote son una familia. Pesquen o no, «nos reímos mucho», dice Gerardo Iglesias, más conocido como Tito, «la mejor caña del Parrote», dice él y todos a su alrededor asienten. Ahí no hay discusión.

Los pescadores recreativos no solo lanzan sedal en el Parrote. Van también a Mera, al dique de abrigo y hasta Fisterra o Malpica. No hay límites más allá de no superar los 5 kilos de captura. Y «los días que vienen buenos, pues hemos pescado muchísimo en este lugar, lo llevamos a la Cocina Económica o incluso a la Casa de los Peces para que sirva de alimento a las especies que allí tienen», cuenta José Pardo.

Fernando explica que el Parrote es un gran lugar de pesca. Y eso tiene una razón: «esta zona fue playa en su día e incluso se cultivan almejas. Y donde hay marisco, hay peces». Por eso hay de todo, lubinas, sargos, maragotas, congrios, pintos, calamares, chipirones, sardas... Pero hay días como este lunes, que ninguna de esas especies picó el anzuelo. Fernando cuenta que ahí se ha pescado incluso pulpo y «hay quien ha levantado una centolla o hasta un camarón».

Como los peces pican sobre todo al anochecer y al amanecer, ya a las ocho de la mañana estaba el dique a reventar de pescadores. Guardando las distancias como podían, pero con la mascarilla puesta. Cuenta José Pardo que le llamaron unos amigos de Vigo y le contaron que «uno de ellos fue al calamar cuando pasaban dos minutos de la medianoche». Eso tiene una explicación: «teníamos muchísimo mono», dice. Pero no hubo suerte. Andrés Gómez estuvo dos horas y nada. Como la inmensa mayoría. «Hay días así, cuenta Fernando, uno de los que casi nunca fallan. No pasa nada. Hoy volverán. Y mañana. A charlar de sus cosas. Piquen o no piquen.

También recuerda que ahí va gente a pescar que no puede hacerlo, pues para esto se debe contar con una licencia de pesca marítima de recreo.

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