«Ver pasar tanques soviéticos por tu pueblo es algo que no se olvida»

PERSONAS CON HISTORIA | Petr Chromecka | Petr nació en Checoslovaquia. Trabajó en una fábrica de piezas de coches en Chequia, en la hostelería en Inglaterra y cuidando niños en Galicia. También estudió en Fonteboa. Ahora, vive en Cerqueda


Carballo / la voz

Acababan de mudarse a un piso en Carballo y aún no habían hecho la compra. En la nevera solo había un pedazo de mantequilla. Su mujer le había preguntado cómo se vivía bajo un régimen comunista, pero este checo de 38 años no había sido capaz de explicarse hasta que abrió ese refrigerador. «Así, justo así», le dijo abriendo la puerta.

«No había casi nada. Recuerdo unas barras de chicle. Los desenvolvíamos con extremo cuidado porque tenían con dibujos del Pato Donald y de Mickey Mouse y pegábamos los papeles en libretas». Su padre trabajaba en una fábrica automovilística y su madre era contable.

La checoslovaca, en 1989, fue conocida como la Revolución de Terciopelo. El comunismo cayó ahí por su propio peso, pero el cambio fue brutal. Petr era un niño, pero tiene muchos recuerdos. Vio pasar los tanques rusos por su pueblo, «temblaba todo», participó en simulacros con cámaras de gas y supo que todo sería diferente cuando la maestra les anunció el cambio de régimen de un modo que nunca olvidara. «A partir de ahora ya no me llamareis camarada, me llamareis señora», les dijo a los niños de primaria.

La libertad trajo años duros. Las fábricas ya no le vendían a la Unión Soviética y los productos no eran competitivos en la Europa occidental. «Había una economía de supervivencia. En casa plantábamos verduras y criábamos animales para comer. Si no lo hacías así no encontrabas nada. Si querías un bizcocho tenías que hacerlo, todo era casero».

Tras estudiar FP se vio obligado a estar un año en el ejército y en el 2003 cogió, con varios amigos, un autobús a Birmingham. «No sabíamos inglés, no había nadie que nos pudiera enseñar. Habíamos estado aislados», recuerda.

El periplo inglés fue el tradicional, con condiciones laborales que él mismo califica de «esclavitud», sobre todo al principio. Para salir de la comunidad checoslovaca que le estaba limitando el aprendizaje del inglés se fue a Cardiff, la capital de Gales. Ahí empezó su camino a Galicia.

«Conocí la comunidad española y me gustó la gente y la comida. Unas chicas vascas me hablaron del Camino de Santiago y ese año decidí que no volvería a mi pueblo de vacaciones. Empezó en Lourdes. «Fui criado como católico. La República Checa es el país más ateísta, pero mis padres no eran comunistas. La presión era muy fuerte y, como muchos otros, que buscaban una salida, encontraron la religión. La comunidad cristiana llegó a ser fuerte y no la machacaron tanto», recuerda.

A pesar de eso, no llegó a Compostela. Llegó a Sarria y allí le esperaba un trabajo. Ya estaba decidido a no volver a Inglaterra. En la localidad lucense vive desde hace 30 años una mujer de su mismo pueblo checo. Ella tiene una hermana en Sada que necesitaba alguien para cuidar de los niños por la noche y pensaron en Petr. Fue allí donde logró las primeras nociones de apicultura algo a lo que quiere dedicarse, aunque la velutina le ha impedido arrancar.

Además de ejercer de au pair se apuntó en la Escuela Oficial de Idiomas de A Coruña, en castellano e inglés. Y fue allí donde conoció a su esposa. Aprovechó que ella fue destinada a Coristanco para matricularse en Fonteboa. El año pasado terminó el ciclo superior de agricultura.

«A los 18 años mi hija tendrá que decidir si quiere ser española o checa»

Petr tiene una niña de 5 años que el próximo curso comenzará en la escuela checa. Desde hace dos años está escolarizada en Galicia, pero su padre quiere que tenga la oportunidad de elegir su nacionalidad en cuanto alcance la mayoría de edad y para ser checa tiene que haber sido educada en este país. Evidentemente, la suya será una formación a distancia. «Mandan los libros y cada dos años tienen los exámenes», explica. Parece que no le resultará difícil porque la niña habla y lee checo sin dificultad. La familia pasa todo el verano allí. Petr heredó una pequeña casita que se ha convertido en el invariable destino de vacaciones, aunque su familia también los visita en Cerqueda, en Malpica. Hace solo dos semanas que estuvo uno de sus hermanos en la localidad. Se fue muy sorprendido. «Le llamó mucho la atención que no hubiera nada de industria, que todo fuera agricultura y ganadería», explica.

Chequia es el país de la antigua Europa del Este con mejores condiciones de vida y con una tasa de paro prácticamente inexistente, del 3 %.

El cambio a la democracia fue fundamental en la vida de Petr. Bajo el régimen comunista su vida hubiera sido completamente distinta. «Nosotros pudimos viajar. Para mis padres fue imposible y eso me da mucha pena. En aquella época lo único que podían era emigrar para siempre, porque si salías no podías regresar», explica.

La infancia de su hija es completamente distinta a la suya. «Recuerdo que murió en Moscú uno de esos políticos grandes [probablemente el presidente Andrei Gromiko] y toda la clase tuvimos que ver el funeral por la televisión. Fueron tres horas muy largas», explica.

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