«Os clientes dinme que aguantemos, que que vai ser deles»

Foto con historia | Hoy, tras 47 años de actividad, cierra el bar Humboldt, uno de los más emblemáticos de Malpica


Carballo / la voz

El Humboldt, por dentro y por fuera. Las imágenes corresponden a los años 70, los primeros del local, en la plaza Anselmo Villar Amigo, en la arteria principal de la localidad. En la primera foto, detrás, está Carmen Verdes Lista, la actual propietaria. La niña en primer plano en el centro, sentada, es su cuñada. A la derecha, apoyado en el taxi en el centro, con pantalón anaranjado, su esposo José Luis Otero García, fallecido hace seis años. Además del establecimiento, también iba al mar. La cafetería ha sido un centro clásico de reunión en la localidad, y en una larga época también fue restaurante.

Carmen Verdes Lista. Son más de uno, porque el bar lo abrieron en 1971 Fernando Otero y Carmen García. Pero ya desde el inicio estuvieron con ellos su hijo José Luis y su nuera Carmen, que es la que asumió el peso el negocio. Sus dos hijas hicieron sus carreras por otro lado. Antes de establecerse en su villa natal, los fundadores estuvieron emigrados en Venezuela y en Perú. Regresaron a mediados de los años sesenta y recién iniciados los setenta dieron el paso, en una excelente ubicación, y además en una época en la que no había demasiados bares en Malpica.

Fueron buenos tiempos.

Cierra el Humboldt, un bar que forma parte de la historia y el día de Malpica del último medio siglo. Desde 1971, para ser exactos. Lo hará hoy domingo, último día en el que sus muchos clientes podrán disfrutar de las tapas de callos, albóndigas o ensaladillas que prepara la dueña, Carmen Verdes, quien a sus 67 años (empezó a trabajar ahí con 20) ha decidido que ya es hora de coger la jubilación, para tristeza de los asiduos al local: «Os clientes dinme que aguantemos algo máis, que que vai ser deles», bromea. «Que polo menos esperemos ata o Nadal», añade. Pero no, la puerta mañana estará cerrada, y en cuanto al futuro ya se verá.

Ya tiene mérito que un local dure tantos años. En Malpica lo superan el Pescador, el Ibarra, el Panchito (que al principio era una taberna), y pocos más, si los hay. Pero la propietaria más veterana de todos es Carmen.

Tal vez lo más curioso sea el nombre: Humboldt. Lleva el apellido del célebre geógrafo, astrónomo y explorador alemán (antes, prusiano) Alexander von Humboldt, especialista en numerosas disciplinas científicas, que fue desarrollando gracias a sus investigaciones y viajes. El apellido ya es complicado de pronunciar (muchos le han llamado Júmbol o Jublo, entre otros muchos), pero menos mal que no eligieron el nombre completo: Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt.

¿Y cómo llega algo así a Malpica? El suegro de Carmen, y poco después su mujer, estuvo emigrado en Caracas a principios de los años 50, y trabajó precisamente en el hotel Humboldt, en homenaje al explorador, que había recalado allí (y en mil sitios más). Era el socorrista del hotel, y le fue muy bien, algo que siempre agradeció, y eso incluyó en el posterior bautizo del local. Llegó un golpe de Estado, las cosas cambiaron, y tuvieron que irse. Se fueron a Chimbote, en Perú, donde estaban ya muchos vecinos de Malpica, una historia épica y conocida de un éxodo anterior. Regresaron en el 63. Carmen y José Luis se casaron en 1970, y en el 71 ya abrieron. «Non marchedes por aí, que é moito traballo, quedade aquí», señala Carmen que le dijeron sus suegros a la hora de pensar en el futuro, con 22 y 20 años, respectivamente.

Empezaron a trabajar, y hasta hoy, que en este caso no se trata de una expresión hecha. Hasta hoy y nada más. «Era un bar moi moderno, daquela. Con moita clientela. Traballamos sempre, sen paróns», señala la propietaria. A veces se pregunta por lo que está por venir. «Que a ver como fago, que se me vou acostumar... Pero non hai problema», dice. Entre 1974 y 1989 tuvieron también un restaurante en el primer piso. En tantos años, las cosas cambian. También la demanda: «Agora trabállase moito con viños, antes non era así. Pero tamén cambiou a xente. E morreu moita, clientes habituais de sempre, pero aínda quedan algúns dos primeiros tempos». Hubo años «bárbaros», cuando la pesca era otra cosa, iban muchos al Gran Sol y se gastaba bastante. «Agora mírase máis o que se gasta».

Pese al aumento del turismo, asegura que antes llegaban más extranjeros que ahora, o al menos pasaban más tiempo, porque alquilaban casas durante varios días. Sobre todo en los años setenta y ochenta. También la clientela foránea es diferente. Todo lo es, y más desde mañana.

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