INCLUYE ÁLBUM | Walter Calvo, el hombre que elevó a Malpica a la «capital» del Nacional

El fundador de la peña del club uruguayo fue homenajeado ayer en un emotivo acto al cumplirse un año de su fallecimiento


Carballo / La Voz

Día especial el vivido ayer en Malpica con la celebración del primer aniversario de la muerte de Jose Walter Calvo Lema, por enfermedad, a los 56 años de edad. Hostelero de profesión, regentaba la Pizzería Vagalume, muy frecuentada por los vecinos y los turistas. Pero si por algo se le conocía todavía más era por su amor al Club Nacional de Football de Montevideo, en Uruguay. Él fundó en el año 2003 y presidió hasta el día de su fallecimiento la peña de seguidores de la entidad uruguaya en Galicia junto con otros emigrantes.

Su labor resultó tan grande que ayer le fue reconocida en el homenaje que compañeros de la filial, el propio club y el Concello le organizaron en el paseo marítimo, en compañía de la familia y de los vecinos, entre otros. Se colocó una placa conmemorativa, que fue bendecida por el párroco local, Aquilino Fernández, con dos centros florales, y el Concello obsequió a representantes del club y de la peña charrúas con hasta cuatro recordatorios de Malpica, y a la viuda, Gloria Pardines, con un ramo.

El alcalde, Eduardo Parga, abrió el acto recordando la «persona tan querida y participativa» que era. Le siguió Gustavo Loureiro, compañero de la peña, poniendo «en honor» el «legado» que dejó de «buena persona» y de «amor al Nacional». Por su parte, el ex directivo del club, Jorge Balduvino, enviado en representación de la propia entidad, comentó que «todo el Nacional» estaba «presente» en el homenaje, pues «en las buenas y en las malas», este club siempre traía «una lágrima por todo el mundo».

El lugareño Andrés Mourente cerró el acto con la lectura de un poema que él mismo escribió por encargo, en su día, del propio Walter, al que le dedicó estas palabras: «Más que tú no hay quien quiera al Nacional y a su emblema. Y en tu Vagalume, fuera, en Malpica, sin problema, has hecho ondear su bandera». En la placa queda para siempre un mensaje general: «El rastro que dejó tu existencia será la luz que siempre nos guíe. Tu bondad ha hecho crecer esta bandera. Te recordaremos con orgullo tricolor». El hijo de Walter, Adrián, agradeció «enormemente», en nombre de la familia, la organización de este acto y toda la asistencia: «Non contabamos con isto e foi moi bonito e emotivo».

Gonzalo Rico preside, ahora, la filial de Galicia, con Gustavo Loureiro y Carlos Fernández en la directiva. Con sede en A Bugalleira, en Ponteceso, se reúnen junto con una veintena de personas para ver los partidos de su equipo, aunque comentan que son «más de 300 hinchas gallegos» los que forman parte de la peña. En España, hay otras oficiales en Cataluña y Valencia, además de pequeñas agrupaciones en Madrid, por ejemplo, pero el exdirectivo Balduvino afirma que la que se originó en Malpica es, a parte de la más antigua, «la más grande» que tuvo el conjunto tricolor: «Este sitio es la capital del Nacional por la bandera que desde hace veinte años lleva ondeando en su honor. Recuerdo que en el año 2002 el equipo entero visitó Malpica y que nunca antes había vivido nada igual. Cientos de personas nos estaban esperando. A día de hoy, los jugadores todavía me lo dicen. Malpica significa mucho para Uruguay. Allí, todo el mundo tiene este lugar marcado en el mapa», explicó emocionado.

Una persona que dio fe de ello ayer fue el propio Guillermo May, jugador del Nacional, cedido esta temporada al Fabril, que no se quiso perder por nada del mundo el homenaje: «La filial de Galicia representa mucho lo que es el Nacional en el mundo y hacer crecer todavía más al club. No tuve la suerte de conocer a Walter, pero me siento muy identificado con él por todo su trabajo por la base, que allí llamamos la formativa, pues yo crecí toda la vida en el Nacional, desde los 10 años». También tuvo unas palabras para Malpica: «Vine aquí, arropado por la filial, el pasado mes, y me parece un sitio espectacular. Es como sentirse en casa. Y A Coruña, una ciudad muy cómoda».

Y es que como recoge Mourente en su poema, por el Nacional, amor hasta la muerte. Solo hay que ver hasta donde llegó el jugador Abdón en su día. Se lesionó, y él mismo se quitó la vida en la misma cancha por la que no podía más por su equipo.

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