«En el kilómetro 140, y a -15 grados, sentí que me rompía por todos lados»

Personas con historia | Con raíces en Soneira, aunque siempre residente en Suiza, Diego Pazos es corredor de trails y ultra trails

diegopazos.ch

Carballo / la voz

Nunca vivió en España, pero su castellano es excepcional. «Se me cuela algo de acento francés, pero cuando ya llevo unos días por la zona se me va pasando». Recién aterrizado en Galicia, cuenta Diego Pazos (1984) que sus padres emigraron a Suiza hace 35 años, y dos después le tuvieron a él. Tiene raíces en Fornelos, donde tiene la casa familiar su padre y su abuela, pero también en Vimianzo y A Coruña.

«Desde niño he veraneado siempre aquí. Íbamos a la playa de Laxe, a Malpica, a Fisterra alguna vez... Mis padres incluso me tienen mandado solo para aquí», cuenta Pazos, a quien en el trabajo solían llamar Zpeedy, un apodo que ya le ha acompañado desde entonces. «Es una mezcla de la Z de Diego el Zorro y el ‘peedy’ de Speedy González», explica.

Llevaba, sin embargo, y por motivos laborales y personales, dos o tres años sin pisar Galicia, y ya lo echaba de menos. En esta ocasión, además de para ponerse al día con la familia, acude al llamamiento del Ultra Trail Costa da Morte, que comienza hoy mismo y que unirá la costa de 14 municipios de la comarca en varias etapas de entre 30 y 50 kilómetros de distancia. Diego Pazos es, como se pueden imaginar, un apasionado del deporte.

Lo de Zpeedy le viene al pelo, pues desde hace seis años las distancias de las pruebas de atletismo que disputa ya no se miden en dos cifras, sino en tres: 100 kilómetros, 120, 140... Su próximo objetivo son las 100 millas (algo más de 160 kilómetros), aunque por ahora se queda entre los 100 y 170.

El deporte ha sido siempre una parte importante de su vida, de hecho hasta los 27 años fue mediocentro en una categoría de fútbol regional. «A esa edad me cansé, estaba un poco harto y quería probar algo distinto. Empecé por las carreras cortas, me picó el gusanillo y ya me metí en los ultra», aunque su primera experiencia en este tipo de pruebas extremas no fue lo esperado: «No tenía ni idea de lo que era [ríe]. Venía del fútbol, ya entonces corría mucho por la posición que ocupaba, pero no tenía nada que ver, ni tampoco el tipo de preparación necesaria. Siempre digo que empecé a hacer deporte en 2012 [ríe]».

Mucho fondo se necesita para soportar semejantes distancias, y sobre todo mucha fuerza, «porque el músculo es la única forma que tenemos de proteger nuestras articulaciones», explica el atleta, para quien el aspecto psicológico juega también un papel importante. «A partir del kilómetro 70 u 80 te empieza a doler por todas partes, y ahí solo la mente te puede ayudar a continuar, si empieza a lanzar mensajes negativos no vas a poder seguir».

«Hasta aquí llegué»

A Diego le encantan los ultras por la cantidad de parámetros que tiene que manejar. Se siente algo así como un piloto de avión o un patrón de barco, debe coordinar diferentes elementos para poder llegar a buen puerto. «La preparación, el entrenamiento, el factor psicológico y la alimentación, que es muy importante». Me encanta que en estas distancias todo puede pasar: hasta el mejor del mundo no sabe, en el momento de tomar salida, si será capaz de llegar al final».

Algo así le pasó a él el año pasado en el Ultra Trail Mont-Blanc, que disputó con durísimas temperaturas y miles de metros de desnivel positivo. «Cuando llevaba 140 kilómetros [la prueba es de 170], y soportando temperaturas de -15 grados en los puertos, sentí que me rompía por todos lados. Me dormía en las cuestas, estaba sin energía, y empezaron a aparecer lesiones. Aguanté varios kilómetros así, pero comprobé que no podía continuar. Es como un Formula 1: un grano de arena puede destruir la máquina, y lo más importante es la salud».

Parte de los problemas que tuvo en esa prueba los achaca a un fallo en la alimentación, un pilar básico de cara a poder acabar este tipo de pruebas. En sus avituallamientos suele elegir bocadillos con aguacate, crema de almendra, jamón, algo de queso, dátiles o higo. También apuesta por comidas líquidas, para no destinar muchas energías a la digestión y poder así estar al 100 %. «Hay que tener mucho cuidado, porque pueden darte bajones».

Pajaritas de colores

¿Y como compagina semejantes competiciones, con su faceta profesional y personal? Pues haciendo muchas cábalas: «Tengo pocos días de vacaciones, pero enseguida se me van entre las pruebas, visitar a la familia...».

Su trabajo poco tiene que ver con la pasión que resta buena parte de su tiempo. Estudió en la universidad de Lausana el equivalente a criminalística o policía judicial, y en la actualidad trabaja como colaborador científico con la policía federal suiza. «No soy poli», aclara entre risas. Se especializó en criminalística química, todo lo relativo a las drogas.

Se casó no hace mucho, y de ese matrimonio (y sobre todo de la despedida de soltero previa) deriva una de sus costumbres más peculiares: vestir una colorida pajarita, sobre todo al final de las pruebas. «Es como si mi mujer corriera conmigo. A veces ella lo pasa peor que yo, incluso, porque se pone muy nerviosa», dice, aunque también es un guiño a su pandilla de amigos, que le regalaron un buen puñado de ellas, y bien coloridas, en su fiesta de despedida.

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«En el kilómetro 140, y a -15 grados, sentí que me rompía por todos lados»