Botellón, Instagram y #plástico


Carballo / La Voz

Si uno se asoma a Instagram, más conocido como el insta, le vienen encima miles de imágenes sobre el daño que el plástico está haciendo al planeta. Solo con la etiqueta plástico, escrito en español, hay 21.269 imágenes, que en su mayor parte van en contra del que fue hace ya muchos años, uno de los grandes inventos de la humanidad. Si utilizamos #plásticos, ya superamos los 35.000 y si le añadimos la palabra ocean, ya rondamos los 80.000. Está claro que lo del plástico interesa a casi todo el mundo, también a los jóvenes gallegos, muy seguidores del insta.

Nadie lo diría viendo como quedan los paseos, muelles y plazas de la zona después de unas fiestas. La última ha sido la de Malpica. El paseo marítimo, que está mismamente al lado del océano Atlántico, amaneció lleno hasta los bordes de botellas de dos litros de refresco, bolsas de supermercado, briks de vino y otros productos plásticos en cuya naturaleza es mejor no entrar.

No es el de Malpica el único caso, por alguna razón, los jóvenes que hacen botellón encuentran lo que buscan en los supermercados, pero después de la ingesta les desaparecen de la vista los contenedores y las papeleras y tienen que dejar todo tirado.

La mayor parte de ellos hicieron la visita de rigor a Sogama y es posible que incluso hayan ganado algún premio en algún concurso de la sociedad medioambiental o incluso por algún proyecto de Voz Natura. También algunos habrán colgado o compartido fotos de tortugas con las aletas atrapadas en las anillas que sujetan las latas o incluso harán visto en la playa algún delfín muerto con el estómago lleno de plásticos... Los habrá ecologistas, conservacionistas, veganos, animalistas... Pero a la hora de la verdad, la del botellón, todo queda desparramado por el suelo, como si no hubiera relación entre el calimocho y el arroaz muerto de inanición a causa de los plásticos en el mar.

Y llegará la Romaría da Barca (y otras) y volveremos a contar por miles los kilos de basura, de plásticos especialmente, como si no hubiera un mañana. Y quizá no lo habrá, al menos como lo conocemos.

Si todos los que hacen botellón y dejan sus restos de la acera quieren pescar, bañarse en el mar, recoger setas, cultivar verduras o beber agua fresca durante muchos años tendrán que pensar en coger las bolsas de súper, meter en ellas las botellas vacías y encontrar un contenedor amarillo.

Todo esto si les aguanta el hígado, sobre todo a los que se emborrachan ya a los 14 años. Ellos quizá puedan permitirse tirar los plásticos en el suelo porque podrían no tener mucho tiempo para disfrutar del medio ambiente.

Autor crÓNICA CIUDADANA

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