Los carballeses se abastecen para las fiestas patronales

El domingo será un día de comidas familiares, y mañana, una noche de fiestas callejeras

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carballo / la voz

La de ayer fue una animada jornada de mercado. Es la última antes de las fiestas de San Xoán, el mismo día del pregón, y hay que abastecerse tanto para la noche de mañana como para la comida del domingo. Ambas citas gastronómicas son igual de importantes, pero radicalmente distintas. Para la noche, los clientes compraron sardinas a 5 euros el kilo, además de cachelos. La patata vieja se paga a 50 céntimos en kilo y ya no queda demasiada. La nueva ha bajado de precio porque la oferta se ha incrementado notablemente. Ayer se vendía a 1,30 euros el kilo, 0,20 menos que hace solo una semana. La mayor parte de las patatas proceden del municipio de Malpica, sobre todo Mens, Barizo y Beo, pero también las había de Razo y de Cances.

Las de Coristanco aún tardarán entre 15 días y un mes, aunque depende de cada plantación. Lo cierto es que el ciclo se ha alargado a causa de las copiosas lluvias y sobre todo a la falta de sol.

Para el día de San Xoán, cuando se reúnen las familias, lo tradicional es el cabrito, a 17 euros, y el cordero, a 12. También se servirán pescados, pero las compras no se realizarán hasta el sábado.

Para asar en las cachelas se vendió mucho churrasco de ternera (9 euros) y de cerdo (6 euros), además de panceta y chorizos criollos (todo a 6,20 euros). Para los más exigentes había chuletones de tercera a 13 euros, que también resultan muy bien al calor de las brasas.

Sin noria sí hay paraíso

Cristina Viu

«Este año no ha venido la noria», decía enfadada una adolescente. Es cierto que no está. No asoma por encima de los tejados su redondez brillante, llena de alaridos que atraviesan los cristales y llegan hasta los vecinos dormidos. No hay que ser aguafiestas en el San Xoán, pero la noria no es imprescindible. A los ojos de los profanos, se perciben en el aire unas celebraciones más tranquilas, con los ya talluditos miembros de Café Quijano como atracción musical principal y artefactos más clásicos en el San Martiño. No parecen ser de esos que provocan retortijones de estómago, seguidos de lanzamiento de patatas fritas a medio digerir. Da la sensación de que el San Xoán ha dado un paso atrás y reconozco que pongo la venda antes de la herida. Para los que ya peinamos canas (como los de Café Quijano), la ausencia de la noria y otras atracciones no nos da ni frío ni calor y se agradecerá mucho el nuevo sistema de hilo musical para todo el San Martiño, que habrá que verlo para creerlo.

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