Cambio de corrientes en tierra firme


La construcción del muelle comercial Laxe cambió las corrientes y hace que la playa bascule hacia el puerto. El mar es, ciertamente, muy susceptible a los cambios y a la imposición de límites. Hace ya muchos años que vemos que cada acción en un punto de la costa tiene su respuesta en otro y casi nunca es para bien.

Algunos pensarán que eso se debe a que como fluido que es, el agua marina es adaptable y que cuando se la constriñe por un lado busca escapatoria por otro. Parece que todo es cuestión de leyes físicas, pero existe la teoría de que cada acción, por pequeña e inocente que parezca tiene sus consecuencias.

También ocurre en tierra firme. La localidad de Malpica, capital municipal y puerto principal de la Costa da Morte lleva años debilitándose. El principal motivo es la reducción del peso de la pesca. Los compradores han terminado marchando de la lonja, quizá porque los armadores lo hicieron primero y decidieron abastecerse en otros lugares, como en Laxe precisamente.

La falta de movimiento en el puerto ha hecho que tampoco se muevan los bares y los comercios. Solo el estío anima algo las estrechas calles, aunque la villa ya no es referente de veraneo, aunque parece que el mercado inmobiliario de segunda mano se va animando algo.

Pero no es solo la pesca lo que hace que Malpica vaya a menos como centro de servicios. Durante más de 20 años una de las reclamaciones principales ha sido un centro de salud en Buño, otro pueblo que decae a marchas forzadas. Para los malpicáns, el hecho de que los pacientes de buena parte del municipio ya no tengan que ir hasta la capital municipal significa que se sirven menos cafés y se vende menos en los comercios. Tampoco la guardería está en el centro urbano y es posible que hasta la Guardia Civil se vaya a las afueras. Así, ya no hay a qué ir a Malpica.

La tierra no es el mar, pero las actuaciones también la desestabilizan, como la variante de Buño, que ha humanizado la localidad quitándolo de delante decenas de coches, pero que ha hecho que pare muy poca gente. Es una regla casi exacta y un temor general que cuando una vía se traslada se muere un pueblo. Sin embargo, como toda norma tiene sus excepciones. Es el caso de A Laracha, que podría haberse ahogado en las márgenes de la autopista, pero que sigue tan pimpante y es envidia de muchos.

No ser un pueblo de paso puede ser una catástrofe porque hay que resultar especialmente atractivo. Si no eres bello tienes que ser simpático e inteligente. Todo es cuestión de compensación y uno no se puede dormir en los laureles.

Autor Cristina Viu CIUDADANA

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