El sector turístico comarcal vive de espaldas a la riqueza de las Sisargas

Las islas son todo un atractivo natural e histórico por descubrir para el gran público

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cee / la voz

A solo 4,3 kilómetros en línea recta de la playa de Malpica, algo más de cinco y medio desde el puerto -lo que no deja de ser un paseo en lancha por más que las condiciones disten de las de las Rías Baixas y tampoco se acceda con facilidad todo el año- está el pequeño puerto de la Sisarga Grande, la isla principal del archipiélago del mismo nombre, formado además por la Chica y la Malante. Un entorno natural de primer nivel que, sin embargo, es un gran desconocido incluso para muchos malpicáns, por no decir para el gran público y para el sector turístico de la Costa da Morte, que tiene aquí un recurso al que históricamente le ha venido dando la espalda.

De hecho, ayer por la mañana Tono García, de Buceo Malpica, ofrecía una visita gratis para los profesionales de la hostelería y el turismo de la zona, que incluso fue promocionada por APTCM, y la respuesta de los responsables de los negocios resultó exigua. Las Sisargas parecen no interesar demasiado, cuando son todo un mundo por descubrir y que, con una gestión inteligente, acorde a los niveles de protección que exige un entorno tan exclusivo para las aves y otras muchas especies, pueden convertirse en un recurso de primer nivel para Malpica y para el conjunto de la Costa da Morte.

Los escenarios graníticos de acantilados que caen sobre el mar, solo surcados por caminos de pescadores y percebeiros, unidos a las edificaciones que dejó la presencia histórica de los fareros -en un faro que, por cierto, da vueltas pero no alumbra y tampoco ha visto repuesta la farola después de las últimas obras- convierten el paseo en una visita excepcional.

García, que ha vivido estas islas desde pequeño y conoce muchos de sus secretos, sobre todo por boca de su abuelo, tiene historias que contar de cada rincón e incluso experiencias personales curiosas. Por ejemplo, el año pasado, dentro de los viajes que hace con su lancha para llevar visitantes, transportó a Ramón de la Cierva y García Bermúdez y María Josefa de Borbón y de Rojas, herederos de la familia propietaria de las islas. «A verdade é que nin idea de quen eran e cobreilles a viaxe, dixéronmo despois», recuerda con humor el mariscador, que pudo conversar con ellos e incluso le confesaron que todo era vendible, ya que García es de los que opina que este bien estaría mejor en manos públicas para hacer de él otro aprovechamiento.

Ya que su empresa bucea en la zona, se ha informado con la Xunta, donde renueva los permisos cada tres meses, sobre lo que se puede hacer y lo que no en las islas. «Ás illas pódese vir, que hai xente que pensa que non, e facer o que se fixo sempre: pescar, andar polos camiños marcados,... o que non se pode e facer dano», concluye el malpicán que muchas veces disfruta de la pequeña playa con su pareja, los dos solos.

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