El parque eólico de Malpica es historia

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

MALPICA DE BERGANTIÑOS

Jose Manuel Casal

Fue uno de los primeros de Galicia, levantado hace 20 años. Sus 69 molinos ya han sido desmontados, eliminando el impacto paisajístico, y en su lugar habrá 7. Por su parte, en Salto (Vimianzo) hay uno sin aspas

18 may 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

El parque eólico de Malpica (Pemalsa, como se denominó desde un principio) es ya historia de la Costa da Morte. En primer lugar, por tratarse del segundo levantado en la zona, tras el pionero de Vilán siete años antes, y también uno de los primeros de Galicia. Fraga lo inauguraba el 14 de marzo de 1997, en una época en la que la puesta en marcha de estas instalaciones era todo un acontecimiento político, social, energético y medioambiental, nada que ver con la sequía que les llegaría quince años más tarde, con casi todos los proyectos parados y sin primas que incentivasen su colocación. También es historia porque es (era) el mayor de la comarca, con 69 aerogeneradores, aunque de tecnología hoy obsoleta, acorde a la época: 0,225 kilovatios por máquina. Aunque con un matiz: el parque, originalmente, era de 67 máquinas, pero en el 2002 se aprobó un cambio y se añadieron dos más, de 0,750 megavatios cada una.

Con esos números, ningún otro parque de la zona tuvo tantos molinos (los otros destacados son Camariñas, con las tres fases ejecutadas; Paxareiras, con dos, o el de Vimianzo), y seguramente ninguno los tendrá nunca, debido al cambio de ciclo (ahora son muchos menos molinos, pero con muchísima más potencia).

Pero, sobre todo, y en tercer lugar, el parque de Malpica, asentado en buena medida en Barizo, pero con una incursión en terreno pontecesán, es historia porque ya ha desaparecido del todo. Visible desde una buena parte de Bergantiños y desde las zonas más altas de Soneira, su impacto paisajístico era notable. Ahora, los molinos ya han desaparecido. Muchas piezas se agolpan aún en la entrada, junto a la carretera de acceso a Nariga. Retirarlo le ha costado a la empresa propietaria, con sede en Madrid (el 71 % es de Elecnor; el 27 %, del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, y el 2 % de la Xunta) 259.000 euros. La firma Suros Inversa se ha encargado de las obras y subasta de material.