Toda una vida dedicada al coleccionismo

melissa rodríguez, p. b. CARBALLO / LA VOZ

MALPICA DE BERGANTIÑOS

ana garcía

Sus 79 álbumes, muy diversos, encierran buena parte de la historia más reciente

29 ago 2016 . Actualizado a las 07:48 h.

La malpicana Gloria Carril Pombo, más conocida como Gloriña de Cadeiro, es probablemente la mujer más coleccionista de la Costa da Morte. No solo en cantidad, sino también en variedad. Tiene 82 años (cumplirá 83 el 10 de octubre) y lleva desde los nueve coleccionando múltiples objetos: monedas, prospectos de cine, postales, sellos, fotografías y recortes de periódico, entre otras muchas cosas. Tras la barra del antiguo bar que regentaban sus padres, A Checa (ahora es el salón de su casa), hay una auténtica galería de arte: son 79 álbumes de grandes dimensiones que esconden, en su interior, reliquias procedentes de diversos países. «Isto é un museo», dice ella. No vendería lo que ha ido guardando por nada del mundo. Cuenta que una vez quisieron comprarle las monedas, pero lo rechazó.

Gloria viajó mucho y, cuando no lo hizo, amigos y familiares se acordaron de su afición por conservarlo todo, enviándole así aquello que ella deseaba: «Sempre me gustou gardar aquelas cousas que para min tiñan valor». Pero no todo su material se halla en estos cuadernos. Distintos muebles y vitrinas muestran además colecciones de revistas -más de 500-, dedales de porcelana, figuras de santos, búhos de la suerte y juguetes de la infancia.

La muerte de su marido

Fue a partir del fallecimiento de su marido en el año 1995 cuando se puso manos a la obra: «Pasaba os días metida na casa e non se me ía o tempo, polo que me puxen a limpar o faiado e acabei ordenando o material en álbums», explica. El cuaderno de más valor es el de monedas, en el que se pueden observar pesos de la Segunda República y pesetas de Franco y de Juan Carlos I. También en varios sobres colecciona billetes de Arabia Saudí, Grecia, Alemania, Turquía y España. Poco atrás se quedan sus seis álbumes de prospectos de cine. Entre los que ella reunía al salir de misa cada día y los que su tía le conseguía de todos los cines de A Coruña, posee en sus manos el testimonio de aquella época en la que acudir a ver filmes constituía un acontecimiento social.