El temporal que sembró la costa de impresoras

La Voz

MALPICA DE BERGANTIÑOS

Una mujer, con una de las impresoras del contenedor que apareció en Reira
Una mujer, con una de las impresoras del contenedor que apareció en Reira . J. M. CASAL< / span>

Varios portacontenedores perdieron parte de su carga en aguas de la comarca en febrero del 2006

21 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Restos de árboles, plásticos y otros desperdicios diversos engrosan la nómina de objetos que regularmente la fuerza de las mareas devuelva al litoral de la Costa da Morte. Aquellos que provienen de los naufragios incluso tienen un nombre particular, as crebas. Pero lo que sucedió en febrero del 2006 bien merecería disponer de una denominación propia, puesto que las playas de Bergantiños recibieron un auténtico tsunami de productos de todo tipo que acabaron por propiciar una auténtica romería de personas en dirección al litoral para hacerse con parte de aquel peculiar botín regalado por el mar.

Leira y Razo (Carballo), Arnado, Soesto, Traba y Laxe (en este último municipio), A Hermida y A Barda (Corme) y Cambre y Barizo (Malpica) fueron algunos de los lugares a los que hace ahora diez años fueron a parar los artículos que transportaban cuatro de los portacontenedores que durante aquellas jornada de temporal navegaban por las aguas de la comarca dejándose parte de la carga en el intento.

Los primeros objetos fueron localizados en Arnado por dos aficionados a la pesca que recuperaron en dicho arenal laxense 40 maquetas de barcos. Bolsos, mochilas, osos de peluche, jaulas, fundas para ordenadores portátiles, cortinas para el cuarto de baño y comida oriental aparecieron desperdigados por otros puntos del litoral bergantiñán, pero el hallazgo más curioso tuvo lugar en las rocas de Leira (Carballo). Allí fue a embarrancar un contenedor que transportaba impresoras y que, fruto del impacto, dejó ver la carga que llevaba en su interior.

La noticia no tardó en extenderse por la zona y atraer a numerosas personas deseosas de colaborar en la limpieza del lugar llevándose algunos de los aparatos para sus casas. Ajenos a los posibles daños ocasionados por la humedad y el salitre, vecinos de todas las edades participaron en este singular rescate que dejó varias imágenes para el recuerdo.

El contenedor aún tardaría un par de meses más en ser retirado del lugar, pero para entonces toda su carga poblaba ya las viviendas de muchos de los vecinos de los alrededores.