De Alemania a emprender en Laxe: «El pan fue lo que me trajo a Galicia»

Melissa Rodríguez
melissa rodríguez CARBALLO / LA VOZ

LAXE

Cathrin Brandes, ayer, en su Merendeiro Pan e Peixes, de Laxe.
Cathrin Brandes, ayer, en su Merendeiro Pan e Peixes, de Laxe. BASILIO BELLO

Personas con historia | Cathrin Brandes estudió Derecho y emprendió a los 57 años en la villa coruñesa con el Merendeiro Pan e Peixes

27 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Laxe tiene una nueva vecina, la alemana Cathrin Brandes, de Constanza, ciudad al sur del país que lleva el mismo nombre del gran lago que limita con Suiza y Austria. A finales de mayo emprendió en la localidad, a los 57 años. Abrió el Merendeiro Pan e Peixes en el local donde estuvo en su día el reconocido restaurante A Pracería, en pleno casco histórico, con una propuesta innovadora, no solo en la cocina, sino también en los horarios y hasta en el nombre. Abre de miércoles a domingo en horario ininterrumpido desde el mediodía hasta la hora de cenar, período en el que se puede picotear productos gallegos y, especialmente, de Laxe, hechos con su toque personal. Destaca su apuesta por los pescados «infravalorados y sostenibles», dice, como la sardina o la caballa.

Cathrin llegó a Madrid con tan solo un año debido al trabajo de su padre. Era, pues ahora está jubilado, «ingeniero de molinos de harina». Por esta razón, la hija siempre estuvo vinculada a productos de panadería, también por parte de su abuelo materno en lo que es la repostería (suministraba a otros negocios). «El pan fue lo que me trajo a Galicia», afirma, aunque fueron muchos más los aspectos que la sedujeron: «Soy alemana, entonces, me gusta el norte. Había veraneado mucho por Galicia y me puse a buscar un local. Lo vi y me enamoré enseguida, también de las vistas a la playa», cuenta.

Se crio en la comunidad madrileña hasta los dieciocho años, momento en el que regresó a su país y estudió la carrera de Derecho, según relata. «Trabajé en la reunificación alemana, sin duda, una de las épocas más interesantes de mi vida, pero al mismo tiempo, no me llenaba», señala. Tenía dentro esa pasión desde niña por la gastronomía y, de manera autodidacta y aprendiendo en varios locales, fue cómo cambió de sector. «Me he ido moviendo mucho por Berlín, más al norte en el mar Báltico, Mallorca... Es lo normal en la gastronomía», comenta. Tenía 57 años y había un sueño que le faltaba por cumplir: «A todo el mundo que se dedica a esto le hace ilusión abrir su propio negocio». Y dijo: ahora o nunca.

Aventura en solitario

La de Laxe fue, pues, «una casualidad superbonita». A la llegada al municipio vivió sus anécdotas: «Era febrero, no paraba de llover y no había nadie. Le tuve que poner mucha fantasía para imaginármelo lleno de gente, pero hablé con mucha gente y me dijeron que en verano era distinto».

Cathrin emprendió este viaje sola. «Siempre he sido muy aventurera», reconoce. Considera importante poner a la iniciativa un nombre gallego: «Aínda non falo galego, pero estoy aprendiendo», asegura. Para ello se inspiró en dos productos muy característicos en Galicia como son el pan y los pescados.

Brandes ha escrito libros de cocina en Alemania, según indica. Y en Mallorca trabajó con María Solivellas en su negocio reconocido por la Guía Michelin. «Pan e Peixes es un sitio informal en el que también disfrutar al aire libre, con la terraza. La carta es pequeña, pero con muchas inspiraciones. No hago recetas tradicionales gallegas porque ya hay locales que las hacen», describe. Así, prepara unas filloas rellenas de crema de «limones de Laxe» y con semillas de amapola. «El otro día vi huellas de jabalí en el bosque y preparé un estofado de esta carne», pone de ejemplo. El «risotto» de cebada es otra de sus sugerencias. También prepara gallineta o longueirón de Fisterra.

Cuenta con un equipo muy diverso e internacional: «La cocinera es gallega y se crio en Madrid; tengo una argelina, un americano que aprende español y a mi ahijado de Berlín que más de lo mismo. Es algo que creo que a la gente también le gusta». Está satisfecha con la acogida, aunque al principio fue tímida, reconoce. Ella está en la sala.

«Aquí encuentro muchos sitios para desconectar»

Cathrin fue conociendo a otras empresarias de la villa y mismo a varios alemanes. Destaca la convivencia rica del espacio local iSlow Coliving. «Lo único difícil al principio fue encontrar un piso», apunta. También se relaciona con hosteleros de la localidad.

A esta alemana-española le apetecía dejar las grandes ciudades y adentrarse en un sitio tranquilo. «No sé si es cosa de la edad», bromea. Le gusta el puerto, la playa de Traba... «Aquí encuentro muchos sitios para desconectar», asegura. El hecho de estar a una hora en coche de A Coruña y Santiago le parece ideal.

La pandemia también le pasó factura a ella, según manifiesta: «Muchos de mis clientes cerraron, y una editorial con la que trabajaba también».

Sus padres viven en la sierra de Madrid. En la Costa da Morte echa en falta a sus amigos alemanes, que ya visitaron esta zona y se quedaron «impresionados», señala. «No conocían esta parte de Galicia», sostiene. También a su hermana, sus sobrinos y padres, que desea ya «que vuelvan».

Su idea es cerrar algunos meses en invierno. En su oferta siempre hay un pescado del día. También incluye algún marisco. Tiene una sección de bocatas, y siempre trabaja con pan de Traba: «Me hacen un pan de un kilo especial para mí. Me lo traen en sacos de harina en los que el molino que sale dibujado usa la ingeniería de la firma en la que trabajaba mi padre. Me parece una anécdota muy bonita». Desde luego, sus platos de pescado resultan muy interesantes: entrepan de sardina desmenuzada con queso Arzúa; boquerones fritos con mayonesa, perejil y limón; mejillones rebozados con mayonesa picante...