Ni las piedras ni los aerogeneradores se libran de las pintadas

Parques eólicos o parajes emblemáticos sucumben al mal uso de los espráis


CARBALLO / LA VOZ

Las pintadas indiscriminadas en lugares públicos de la zona tuvo en su día una incidencia muy elevada que, por fortuna, ha ido a menos, pero se resiste a desaparecer. Los edificios de lo faros, por su relativo aislamiento, han sido siempre un objetivo habitual de los vándalos, especialmente el de Fisterra, pero también el de Laxe, Touriñán o, sobre todo, el del Cabo Cee de Corcubión, una auténtica diana de garabatos y colores en los últimos años. Pero soledad no es sinónimo de tranquilidad. A Moa, la cima de O Pindo, que no se alcanza precisamente en cinco minutos, ha sido lienzo habitual de los gamberros, que a veces han dejado las pinturas sobre inscripciones centenarias. Porque ni las piedras se libran de estas malas costumbres. Y no solo en lugares icónicos, sino en otros de menos valor, pero situados en parajes excepcionales. No hay más que ver (nunca mejor dicho) los dos nuevos miradores nacidos con el parque eólico nuevo de Malpica, que sustituye al anterior. Uno, a cada lado de Nariga, cuya toponimia explica Xosé Manuel Varela: Desde los Picos de Navás, al lado de As Candumiñas y sobre A Ferradura, se ve la ensenada de Niñóns con Lago, la entrada de A Barda y el norte de O Roncudo. El otro está en A Pedra da Vela, divisando las ensenadas de Barizo, Seiruga, Beo, Sisargas... Además de todas esas joyas, en uno y en otro también se aprecian piedras garabateadas, algunas de ellas en un risco. Y justo detrás, los nuevos molinos tampoco se libran, algo hasta ahora poco usual, y eso que en la Costa da Morte los molinos no son pocos. Más abajo, arriba de la capilla de San Nicolás, en Mens, los restos del viejo parque han sido objetivo de estos artistas. Claro que la mayor concentración de la zona está al otro lado, y se ve desde ahí: el interior de la Torre do Faro de Brantuas.

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