La guerra de la mejilla va camino del juzgado

Las cofradías de la zona estudian denunciar el daño medioambiental que causa la acción de los bateeiros


carballo / la voz

«Case non durmín pensando que virían por Corme». Lo que al patrón mayor Roberto Vidal le quita el sueño es que vuelvan los bateeiros al Roncudo o a la Percebellosa, donde ya estuvieron hace unas semanas. Él mismo recoge y vende mejilla, por lo que entiende las necesidades de los criadores de mejillón, pero también sabe que los bancos de percebe tendrían que quedan protegidos, por el daño que se hace es grande. Lo saben en Laxe. Ayer estuvieron en A Rubia y O Remol y el día anterior en A Mundiña, la joya de la corona de la concesión. De nada sirvieron las protestas de la crofradía a través de los vigilantes que controlaron de cerca el proceso, pero nada pudieron hacer ante la autorización de la Xunta para extraer mejilla en cualquier rincón de la costa.

Los percebeiros se las prometían felices porque desde el estado de alarma los bancos están cerrados. Iba a ser un buen verano, pero ahora no saben lo que se encontrarán porque los bateeiros están prolongando una extracción que normalmente terminaba el 1 de mayo, pero que probablemente continuará en junio dada la situación actual.

Con los percebeiros viendo sus piedras blancas y los bateeiros teniendo dificultades para abastecer las cuerdas, desde las cofradías temen que cualquier día se produzca un encontronazo. Ese es el motivo por el que han recurrido a la normativa y han encontrado un hueco con el que poner tasa a la barra libre que hay ahora.

La Xunta solo establece limitación para actuar cuando la extracción ponga en peligro algún ecosistema y eso es lo que creen los mariscadores que está pasando. La idea es reclamar en el juzgado. La presentación de una demanda es cuestión de tiempo.

Arco Iris denuncia que esquilman la zona

La asociación ecologista Arco Iris ha hecho pública una nota en la que denuncia la acción de los bateeiros en la costa y reclama la paralización de la actividad. La entidad mantiene que «el impacto ambiental puede ser de incalculables consecuencias, ya que se necesitan al menos tres toneladas de base biológica rocosa para abastecer a una sola batea. En esta base de concho, arrancada a saco de las piedras productivas, se encuentran en este momento en pleno período de crecimiento las semillas de percebe, nécora, pulpo y todo tipo de peces y microorganismos cuya pérdida supone un ataque irreversible a un ecosistema frágil que tardará muchos años en recuperarse y supondrá una merma gigantesca de la biodiversidad costera».

Por este motivo, el colectivo ecologista «insta a la Consellería do Mar a paralizar urgentemente este expolio natural, al menos en las zonas vedadas y ahora invadidas por verdaderas hordas incontroladas, generando una tensión social insostenible que puede causar incluso enfrentamientos físicos».

Así, Arco Iris solicita a la Xunta que «elabore un plan de cría de semilla en los propios colectores de los parques de bateas, para evitar estas incursiones nómadas en territorios ajenos».

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