«Xamais deixaría sós aos meus avós»

No tuvo ninguna duda. En cuanto Araceli supo que Jacinto estaba enfermo, dejó su piso y se fue a vivir con sus hijas y su marido a la casa de sus abuelos

Una imagen vale más que mil palabras. Y la de esta página habla de amor, del que pellizca. Porque Jacinto, con 80 años, y Celia, con 81, saben de muy buena tinta que quien tiene un nieto tiene un tesoro. Y ese cofre lleno de monedas de cariño tiene nombre y apellidos: Araceli Méndez, que en cuanto vio que sus abuelos la necesitaban lo dejó todo por ellos. Ella vivía con su marido y sus dos hijas en Baio, una parroquia de Zas, pero se trasladó a vivir a la casa familiar de Soesto, en Laxe, para cuidar de Jacinto que enfermó de cáncer hace dos años. «Non o dubidamos. En canto meu avó enfermou, viñemos vivir con el. Mentres estás ben non valoras realmente o que tes, e cando ves que o podes perder...», asegura esta joven visiblemente emocionada porque reconoce que para ella Jacinto es imprescindible en su vida: «Os meus avós son todo para min. Sobre todo el, é o sostén da miña familia. É quen se levanta todos os días cun sorriso. Sempre tira de nós. Eu xamais os deixaría sós. Xamais, xamais, xamais», asegura esta supernieta de apenas 33 años.

Hay que remontarse a cuando Araceli era una niña para conocer el por qué de este vínculo tan especial entre los abuelos y la nieta: «Meus avós sempre estiveron en Suíza e meus pais separáronse cando eu era un bebé. E claro, o meu avó sempre foi o pai da familia», explica Araceli que reconoce que le encanta disfrutar de su compañía: «Gústame compartir con eles todo. Pasear, estar xuntos, charlar, contarlles os meus problemas... Todo. Jacinto é un gran falador e conta historias de cando era máis novo». Todavía se acuerda de cuando sus abuelos venían de Suiza: «Recordo que me traían chocolate e ía á escola coa cara vermella de tantos bicos que lle daba a Jacinto, porque tiña barba. Na escola xa sabían cando viña porque me saían uns graniños na cara. Sempre fun a súa neniña e eles son o meu sostén. Sempre. Viñan nas datas sinaladas: Nadal, verán... e estaba desexando velo. É que para min é todo», asegura con un tono tan enternecedor que es difícil que no se erice la piel.

JUEGOS CON LAS BISNIETAS

Otro de los momentos que disfruta especialmente Araceli es cuando ve jugar a sus hijas con su abuelo. Dice que las niñas lo adoran. Sara tiene 9 años y Lucía, 5. Para ellas no hay mayor diversión que estar con el abuelo: «Xogan ás casiñas, ás bonecas... E cando está na cama xa lle van preguntar se está ben». También recuerda el día de la comunión de Sara, porque fue muy especial para Jacinto: «Foi moi emocionante, coma se estivera vendo a súa voda, porque acababa de saír da uci. E foi un día moi bonito».

Pero el abuelo no solo se ha ganado a pulso el cariño de las pequeñas de la casa. También la pareja de Araceli se ha rendido a sus encantos: «Si, ao meu marido tamén o gañou, porque antes de estar enfermo o meu home sufriu un accidente moi grave e estivo todos os días con el no hospital. Durmindo no chan, onde fixera falta, pero el non saíu de alí. Por iso el tampouco tivo dúbidas de vir vivir aquí con eles», explica esta joven de Laxe, que reconoce que toda la familia se quiere muchísimo: «Somos poucos pero moi unidos», dice.

Además, Araceli es de las que disfruta de la compañía de los mayores de la casa: «Non me gusta cando os deixan. Xa sei que o traballo é importante, pero eu nunca os abandonaría, porque xa eles cho dan a ti primeiro. É unha obriga, devolver o que che dan, polo menos para min», comenta.

Jacinto se levanta de la siesta y se une a la conversación. Reconoce que «ela», en alusión a Araceli, «é moi especial», pero «as fillas tamén», puntualiza: «De nena era moi boa rapaciña. Tiña moi bo corazón, aínda o ten hoxe. É unha marabilla que a nosa neta viva de novo con nós. Estabamos soíños e ao vir para a casa agora estamos acompañados. E temos as bisnetas, que dá gusto velas. Veñen do colexio e sempre están comigo xogando. Hai que ter paciencia cos rapaces. Xa sabe como é, pero os nenos fan moita compañía á xente maior», asegura Jacinto que no resulta difícil ver lo encantado que está de tener a toda la familia a su lado.

Celia también irrumpe en la conversación. Esta superabuela todoterreno no para ni un minuto quieta. Graciosa y alegre, pone la chispa junto con Araceli en todas las reuniones familiares: «As rodas non son tan fortes, pero polo menos aínda dan voltas», responde resuelta a la pregunta de cómo se encuentra. También confiesa el enorme cariño que sienten por su nieta: «Para nós significa todo. E as bisnetas, pero a neta é a que leva máis o carro. Deunos moito. Cando dixo que deixaban o piso e viña para aquí quedamos contentos. Iso non o fai calquera. E agora coas bisnetas é unha alegría. Non hai cartos que o paguen. Estamos contentísimos», reconoce esta mujer, que solo tiene palabras de agradecimiento para su nieta por lo bien que cuida de ellos. Porque, por lo que se ve en esta casa, corazones grandes hay de sobra.

«Con 44 años, cuido de mi nieto y de mi abuela»

SUSANA ACOSTA

A sus 44 años, Sandra vive con su abuela y con su nieto, que es el taratanieto de Carmen. Con ellos también está Andrea, mamá de Ian, hija de Sandra y bisnieta de Carmen

Bajo un mismo techo viven una abuela, una nieta, una bisnieta, la pareja de esta y un tataranieto. Y en este entramado familiar, Sandra Martínez, con 44 años, es el pilar de la casa. Ella cuida a su abuela Carmen, de 85, y a su nieto Ian, de trece meses. Porque Sandra es supernieta y superabuela a la vez. Y encima también trabaja fuera de casa en el sector textil. La palabra todoterreno se queda corta para describir a esta gran mujer, pero ella no es mucho de echarse flores y vive con absoluta normalidad una situación que más de uno no podría sacar adelante: «Non sei cando mirarei por min. Afíxenme, son moitos anos así», responde esta vecina de Arteixo que crio sola a su hija Andrea. Eso sí, su abuela Carmen siempre estuvo al pie del cañón, ayudándola en todo.

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