«De novo tiña unha parroquia, e xa de vello tiven que ocuparme de doce»

Enrique Redondo fue ordenado sacerdote en 1965. Pasó por Cotobade y A Estrada antes de llegar a tierras laxenses, todo un cambio para un hombre de tierra adentro


Carballo / la voz

Enrique Redondo Mella ha puesto fin a su vida sacerdotal activa, al frente de una parroquia. O de muchas. Desde el martes vive en la residencia sacerdotal que la diócesis tiene en Santiago. Antes pasó medio mes en su casa de Camporrapado, en Santa María de Oural (Boqueixón), donde nació hace 79 años, que serán 80 el próximo 30 de diciembre. Una pequeña transición vital tras toda una vida dedicada al sacerdocio, que ha dejado por temas de salud. La despedida de la Costa da Morte aún no está completa: lo estará este próximo domingo, con el homenaje que sus ya exfeligreses le tributarán en el restaurante A Lagoa (Salto, Vimianzo) a partir de las 14.30 horas. Y no van a ser pocos, porque en los últimos años se ha encargado de las parroquias de Laxe y Serantes, que ya tenía desde el principio, además de las incorporadas en los últimos años de Nande, Soesto-Sarces y Traba.

Pero antes de llegar a este punto tuvo un largo recorrido en su ministerio, desde que se ordenó en la catedral de Santiago en 1965. Su primer destino estuvo en las parroquia de Santiago de Caroi y San Gregorio de Corredoira, en el municipio pontevedrés de Cotobade. Cinco años. Nada comparado a los veinte que tendría en su siguiente lugar encomendado, una parroquia de A Estrada, que más tarde serían dos más: Curantes, Olives y Pardemarín. En total, se hizo cargo de estas tres en un período que sumó los veinte años. Pasado este tiempo, ya en la mitad de su vida, «tocaba cambiar». Y fue una transición «bastante brusca». Sobre todo porque era de tierra adentro, y la zona que le asignaron fue de mar, Laxe. Tuvo la opción de O Grove, pero en vez del sur prefirió el norte. «E así pasaron case 29 anos, que se cumplirán o vindeiro día de Reis, o 6 de xaneiro», explicaba ayer. No solo Laxe, claro, sino su anexo Serantes. Esa fue la normalidad durante casi toda su estancia religiosa en la zona, hasta que en el año 2012 falleció Juan Antonio Gándara Pose, y por tanto se tuvo que hacer cargo también de las que llevaba. Consecuencia: «Tiven que levar as de todo o municipio de Laxe, algo que nunca pasara. Nin en Laxe, nin na maioría dos sitios, non era común, agás neses concellos pequenos como Corcubión, con só dúas parroquias». Puede decirse que el trabajo se le acumuló en los últimos tiempos, porque además formó parte del consejo del presbiterio durante cuatro años, y doce al frente del arciprestazgo de Soneira. Y ser arcipreste es algo más que un cargo simbólico: es hacerse cargo, por ejemplo, de las bajas que aparecen, y cada vez hay más. «Tiven que coller Vimianzo, Calo e Cambeda, e despois, cando morreu o cura de Cesullas, as súas, mentres non viña o substituto. Veu un, pero marchou axiña. E xuntáronseme moitas. Resultou que de novo tiña unha parroquia ou dúas, e xa de vello tiven que ocuparme de doce, polo menos durante medio ano». Pocos casos ha habido así en la zona. Y la salud se resintió un poco. Ahora llegó el momento del descanso.

Ahora, piensa ya en el homenaje de este fin de semana. Cree que va a echar de menos Laxe: «Espero que si, porque 30 anos non se esquecen nun día. Cheguei a querer esa parroquia», dice, además de las que llegaron después en el mismo municipio. Y eso que al principio tuvo que adaptarse, porque el cambio fue importante desde el interior de Galicia. «Entre unha xente é outra hai diferenzas. Nin mellores nin peores, é outro talante. O que tiven que facer foi poñer a cabeza a cero. Observar para non tropezar. Grazas a Deus, a xente entendeuno moi ben», explica.

«O Naufraxio é impresionante, sobre todo cando chegas o primeiro ano»

 

 

De Laxe, Enrique Redondo se lleva muchos recuerdos. De su actividad religiosa ha habido momentos más impactantes que otros. Cita, por ejemplo, el Naufraxio. «O Naufraxio é impresionante, sobre todo cando chegas o primeiro ano, e moi emotiva esa recreación. Pero non só iso. Creo que da Semana Santa de Laxe fálase pouco, ou menos do que debería, e é espectacular. E non só o Rosario da Boa Morte do Ventes Santo: toda, ata do Domingo de Resurrección. Tamén dá moito traballo, hai que mover a moita xente...».

No cita solo ese festejo, sino otros en todo el municipio, por ejemplo los Milagres de Traba, «onde hai un sentimento enorme de moita relixiosidade, de moita fe. Acude moita xente. Xa dende a novena, que por certo empeceina a facer eu». Habla también de la romería de Santa Rosa, otra cita clave en el calendario religioso.

Enrique Redondo también se refiere a los cambios que ha habido en la Iglesia, sobre todos si compara lo que pasaba cuando empezó y lo que hay ahora. Eso de tener que llevar todas las parroquias de un municipio, o esas doce en un momento dado, antes era impensable. «Vivimos un momento difícil na Igrexa. E non vai ser doado de atopar a solución, de arranxar. Creo que o problema de fondo está na sociedade. Se non hai familias, non hai fillos, e se non hai formación cristiana, non hai continuidade. Está complicado, polo menos a curto prazo». Lo que se está haciendo para cubrir bajas es nutrirse de sacerdotes de fuera de España, algo insólito también para los de su época.

Ahora solo piensa en el acto del domingo, más que en estos temas. «Espero que a emoción non me dea forte. Cando me despedín, xa me contiven».

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