La travesía urbana de Laxe


Quiero dirigirme a las autoridades en un tema tan importante como es la circulación viaria. Considero que la Ley de Seguridad Vial apenas es mejorable en su elaboración, pero sí en su ejecución. Me refiero al uso que se hace de la señalización errónea. A los distintos entes públicos, les corresponde la regulación y señalización de sus propias vías, cosa que en ocasiones no se acomodan a esta ley.

Quiero hacer ver un caso que clama al cielo: la señalización luminosa, repetida en ocho ocasiones, en una travesía de Laxe de apenas un kilómetro. Una señalización de balizamiento cuyo valor está en segundo lugar solamente superada por las señales de los agentes y por encima del resto de las señales luminosas, verticales y marcas viales, todas ellas con valor superior a las normas.

Por parte de la Xunta, tal vez en estos momentos competencia del Concello de Laxe, se han instalado «luces rojas intermitentes» en los pasos de peatones, quizás dándoles una interpretación confundida con «luces amarillas intermitentes». Interpretación errónea que lleva consigo que los conductores tengan «que detenerse hasta que se apaguen», y que ¡nunca se apagan!

Ni el gobierno local, ni la Guardia Civil, ni la Policía Local han tomado medidas para que esta barbaridad sea corregida. Lo lógico es hacer la detención como si se tratase de una zona en obras o un paso a nivel cerrado, por ejemplo. Primera pregunta: si yo me detengo ante cada uno de esos pasos para peatones, como es mi obligación, ¿qué consecuencias se van a sufrir? Segunda pregunta: si la gente se acostumbra a «interpretar» esa señalización como precaución, tal cual si fuese amarillo su color, ¿cómo será su reacción ante un paso a nivel cerrado? ¡Cualquier luz roja, fija o en movimiento, significa prohibición! Tercera pregunta: ¿qué pintan nuestras autoridades ante tales aberraciones?

Propongo crear un organismo superior que vigile y sancione todo tipo de regulación sobre esos entes que tienen el deber de regular la circulación. ¿Qué pasa si autoridades y administrados interpretamos las leyes que no pueden ser interpretadas porque son muy concretas y claras? ¿De qué sirven las leyes si alguien las «interpreta» incorrectamente y nadie con cargo superior tiene la potestad de hacer cambiar tal interpretación? En pleno siglo XXI y en un país del primer mundo como España, ¿cómo podemos estar sin ese organismo coordinador? Xosé Vázquez Labandeira. Laxe.

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