«No Aaiún tiven que convivir con chinches, ratas e de todo»

PERSONAS CON HISTORIA | Perfecto Ferreira nació en Traba de Laxe, donde su hermano le enseñó el arte de la pesca, que él fue perfeccionando. Su mayor presa fue una trucha de 4,2 kilos


Carballo / la voz

Es Perfecto da Lagoa o simplemente O Pescador, sobre todo en Baio. Hace ya 70 años (tiene 78) que su hermano le enseñó a pescar en su Traba de Laxe natal y desde entonces no ha parado. «Teño sacado ata 10 ou 12 quilos do mar e cinco de troitas», recuerda. Pero prefiere la carne para comer, por lo que abastece a amigos y parientes de lujosos y fresquísimos ejemplares.

De hecho, las capturas son lo de menos en la pasión de Perfecto. «Aínda que non traia nada mato o vicio», explica.

El tabaco consumido a lo largo de los años ha hecho que cada vez le resulte más dificultoso pescar, pero no ha conseguido alejarlo, solo se ha adaptado. «A cucharilla gustábame moito, pero tiven que deixala pola miñoca porque me fatigo moito. Levo as dúas e cando me canso, cambio», explica. No es ese el motivo por el que este año solo ha conseguido 18 truchas, la mayor parte de buen tamaño. Esas no las dio porque ese es un pescado «de mérito».

En la costa elige emplazamientos a los que pueda acceder con facilidad. Tiene localizado un punto en A Barca, en Muxía, y otro en Laxe. «Os anos veñen vindo» señala, pero eso no implica que no sea capaz todavía de llenar el zurrón con cinco kilos de maragotas y pintos, que también fueron para la casa de una hija.

Perfecto casó en A Lagoa hace ya 55 años. Su esposa murió recientemente y él vive ahora con uno de los 5 hijos que tuvo. Su familia se ha completado con dos bisnietas, una en Lérida y otra en Londres, y aunque reside desde hace más de medio siglo en la parroquia de Salto, reconoce que «agora se me din de marchar para Traba de Laxe, onde nacín, ía tranquilamente».

A pesar se eso, la niñez no fue nada fácil. No llegó a conocer a su padre, un portugués que se marchó cuando él solo tenía un año dejando a su madre al cargo de cuatro hijos que sacó adelante con muchas dificultades. Él a ganarse la vida recogiendo piñas y pescando hasta que encontró trabajo en una mina de estaño que había de Baio. Allí conoció a su mujer. Ella trabajaba en una leira próxima, de la familia. «Gustoume», dice.

Llegó la mili y cerró la explotación. A la vuelta encontró trabajo en una mina de carbón cerca de Avilés, pero dejó el empleo a los 9 meses. «Era un traballo perigoso, había que baixar moite e había bastantes accidentes, non me gustaba», explica. Volvió a su entorno y terminó su vida laboral al lado de casa, en un aserradero, en el que se jubiló a los 60. Dice que nunca volvería a su juventud porque pasó hambre y necesidades y cree, como muchas personas de edad avanzada, que ahora las cosas están mucho mejor, aunque no tiene muy claro qué ocurrirá tras la moción de censura.

Hizo la mili en Canarias en 1960 y, como muchos otros vecinos de la zona, estuvo también en El Aaiún, en Marruecos, donde tuvo que convivir con «chinches, ratas e de todo». Fueron solo seis meses, pero de puro infierno. Tuvo suerte, entonces, la campaña africana duraba un año, pero los remplazaron los que estaban destinados en Cartagena y pudo regresar a Santa Cruz de Tenerife, a donde no ha regresado jamás. Sí lo hizo uno de sus compañeros, que era de Baio y que falleció hace apenas dos años. «Estaba todo moi cambiado, dixo. Irrecoñecible».

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«No Aaiún tiven que convivir con chinches, ratas e de todo»