Los locales de música en directo, en solfa por la ley de espectáculos

Los profesionales se debaten entre el desconcierto y la indignación con las normas


cee / la voz

La Lei de Espectáculos de Galicia, que entra en vigor el mes que viene y que ha desatado una verdadera catarsis en Santiago, también preocupa entre los responsables de locales y los músicos de la zona. Básicamente y resumiendo mucho, la normativa lo que hace es limitar las excepciones que hasta ahora establecían los concellos y desde el sector creen que eso puede ser la muerte de la música en directo en los locales, porque la gran mayoría no están verdaderamente adaptados y hacerlo resulta inviable económicamente. Sin embargo, tiene otras muchas implicaciones que afectan incluso a los salones de bodas.

En la comarca, con programación más o menos regular hay únicamente dos salas A Ventana de Laxe y el Boulevard de Fisterra, pero en épocas más o menos reciente han ofrecido conciertos A Galería, O Semáforo, Cabanal, Lestón Dados, A Gavilla, Rodin, Nerio, Rock Córner, Palacín, Bridge, Porto, Brebaxe, A Roda, Celme, Trébol, Dublín, A Reserva, Slava, Vieira, Teyma, Soco, Pazos, Aldeola, Pastoriza, A Lagoa... y varios más, repartidos por prácticamente todos los municipios. De ahí que no se trata de una cuestión menor, más que nada porque no solo tiene que ver con el negocio hostelero, sino con la producción y la difusión cultural.

«En esa zona no debería de afectar tanto, porque la situación de Santiago es un tanto particular, pero sí que la ley tal como está redactada resulta problemática y confusa. Presentamos alegaciones, pedimos que se nos escuchase, presentamos alegaciones a través de grupos de la oposición, pero no se nos tuvo en cuenta» explica María Nieto, de Clubtura, la red de salas de música en vivo, que pide que «ley tenga en cuenta como es Galicia» porque, tal como está, «hace mucho daño al sector». Pone un ejemplo: «Nosotros tenemos [entre los asociados] a la sala Capitol de Santiago, con un aforo de 600 personas y a la Ventana de Laxe. A todos los pedimos que sean profesionales, pero, obviamente, no le vas a exigir los mismos requisitos, en cuanto a número mínimo de bolos por ejemplo, a una que a otra». De ahí que incida en que hay que tener en cuenta los entornos, «porque no es lo mismo Santiago que Petín o Coirós», pero eso tampoco puede derivar en «una norma tan variable y tan arbitraria que suponga una cosa en A Coruña, otra en Santiago y otra en Vigo».

«Isto é máis resistencia que lucro, facémolo por amor á arte»

Para Fernando Paredes, de A Ventana de Laxe, todo esto es «un sen sentido» porque «supón que non pode haber música en directo nos locais de música en directo. Aínda non entendo, porque prohíbese tocar a partir duns decibelios que xa se rompen cunha batería. Un grupo de blues, por poñer un exemplo, podería actuar na rúa, na porta do local, pero non dentro. E que isto non ten pés nin cabeza», señala el hostelero, que espera que la normativa se corrija y da por sentado que tanto los responsables de locales como los músicos tomarán «cartas no asunto» porque «isto aféctalle a moitísima xente». Además, pone el acento en que se trata de una actividad cultural, que la gente que la desempeña lo hace «por amor á arte, literalmente, porque pode haber unha sala en Santiago e outra na Coruña, que funcionan así máis a nivel de negocio, pero para o resto isto é máis resistencia que lucro. Facémolo porque nos gusta», concluye Paredes, quien considera que, si no se cambia, las salas, como tal, desaparecen.

«Á cultura non hai que poñerlle pegas, o que hai é que apoiala»

José María Velay (Boulevard, Fisterra) no se atreve a ser categórico porque solo se leyó la ley por encima. Reconoce que hasta se asustó por lo visto en un grupo de mensajería que tienen del sector, pero, a su juicio, al menos en esta zona la normativa no supone grandes cambios. Es más, considera que regulaciones también hacen falta porque «non pode ser que eu gaste 70.000 euros en insonorizar o local e que ao lado, que non é o caso, teña unha cafetería facendo o mesmo, sen ningún tipo de permiso, tamén me molesta».

«A nivel particular non me sinto afectado, porque eu xa fixen todo acordo coa normativa da Xunta, porque aquí non había normativa local, pero, dende logo, non me gusta que se ataque ao sector. Á cultura non hai que poñerlle pegas, o que hai é que apoiala. Por suposto que fai falta respecto aos veciños e todo iso, pero tamén hai que ser algo tolerantes con todo o mundo. Eu vivo ao lado dun taller mecánico e ás sete da mañá están cos martelos», detalla Velay, que también conoce bien el caso de Santiago.

«Hai que romper coa idea da música asociada só ao ‘cubateo’ e á noite»

El profesor de Filosofía y músico, de blues sobre todo, Javier Turnes, admite que no conoce en profundidad la ley, pero sí el ambiente musical de Santiago, donde llevan funcionando con un sistema precario los últimos 13 años. «Había un convenio co Concello, renovábase trimestralmente. Despois cando había enfrontamento cancelábanse os concertos durante tres meses. E cumpríanse os horarios estritamente. A partir das 12 non había ningún concerto. Non sei como van facer, a verdade», dice Turnes, para quién «aquí é diferente, todo chega máis tarde, xa apenas hai música en directo e penso que en principio os concellos non se van meter niso. Se imos polo libro pouquísimos bares en toda Galicia se axustarían á normativa», añade el profesor, para quien todo esto no es problema «nin por Europa adiante, nin nos Estados Unidos» y cree que se precisa mucha pedagogía para un cambio de concepción. «Aquí tes que esperar a que acabe o fútbol, a que a xente acabe de cear... e a ningún músico lle gusta tocar ás 12 da noite nin ás dúas da mañá coa xente toda borracha. Hai que romper con esa idea da música asociada á noite, só ao cubateo, cambiar a concepción do ocio, porque seguro que hai moita xente, público familiar, que asistiría a ese tipo de espectáculos e non o fai polas horas», concluye Turnes, para quien los garitos son básicos para sacar músicos, de los más profesionales y de los no tanto.

Un palo más

Hay cosas que no tienen sentido. En media Europa venden como recurso turístico las actuaciones musicales en espacios como pubs, bares, cafeterías o restaurantes. Aquí hay cuatro quijotes y no reciben más que palos y el castigo inmisericorde de una ley hecha desde la distancia y sin tener en cuenta las condiciones de la gente. Una palada más de tierra a la promoción musical.

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