Dombate, aula de valores y diversión

400 niños de nueve colegios participaron en la fiesta celebrada en Cabana

Anxo Moure se ganó a sus pequeños espectadores con unos relatos cargados de alegatos en defensa del medio ambiente.
Anxo Moure se ganó a sus pequeños espectadores con unos relatos cargados de alegatos en defensa del medio ambiente.

Las piedras milenarias de Dombate rejuvenecieron ayer por unas horas contagiadas de la vitalidad mostrada por los 400 niños que participaron en la Romaría de Inverno organizada por el Concello de Cabana.

Esta vez el sol sí se sumó a la celebración -el año pasado tuvo que trasladarse al pabellón municipal a causa de la lluvia-, lo que permitió que el jardín que rodea el edificio del dolmen se convirtiese en una animada fiesta al aire libre en la que la diversión se fue mezclando con naturalidad con la defensa de la cultura propia y la difusión de valores positivos. «¡Esperanza!», gritaban los niños, convertidos momentáneamente en árboles parlantes por obra y gracia de Anxo Moure, cada vez que el animador les preguntaba sobre la mejor manera de afrontar el futuro de los bosques y del cuidado del medio ambiente.

Por entonces, superado ya el ecuador de una mañana de mucha actividad, los pequeños mantenían intactas sus fuerzas. Un par de horas antes, la música de gaitas había recibido a la pequeña flotilla de autobuses que procedentes de nueve centros educativos de buena parte de la comarca (Os Remuíños, As Revoltas, CRA Nosa Señora do Faro, Canosa-Rus, Milladoiro, Eduardo Pondal, Cabo da Area, Traba de Laxe y Labarta Pose) fueron tomando el aparcamiento del centro de interpretación.

El tren turístico y el de las castañas, las historias de Anxo Moure, la propia alegría de disfrutar de un día diferente junto a otros muchos niños... A los pequeños les resultó difícil decidir qué fue lo que más les gustó de una celebración en la que algunos lucieron vestimentas tradicionales y en la que muchos de los profesores disfrutaron tanto como ellos -disfraces incluidos- participando de forma activa del espectáculo de Moure y de las canciones con que Cé Pantasma puso el punto final a la jornada.

En el dolmen

No faltaron, por supuesto, los recorridos en grupos reducidos por el interior del moderno edificio que preside el recinto para que los pequeños visitantes pudiesen conocer el origen y la importancia del dolmen.

Con un lenguaje adaptado a estos inquietos espectadores, Ángel Eiroa les fue relatando una historia de cavernícolas que comían churrasco -«a min tamén me gusta» reconocían muchos de sus oyentes-, que dormían «en tendas de campaña feitas coa pel dos animais que cazaban» y que construyeron el monumental megalito cabanés «coa axuda dos troncos das árbores» para enterrar los restos «do seu xefe». «O pasamáns fixérono despois, xunto co edificio, os arqueólogos que viñeron estudar isto», tuvo que aclararle a una pequeña que, atenta a la explicación, se había percatado de que el guía había omitido algunos detalles en su relato histórico.

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