Concellos y vecinos salvaguardan el futuro de la arquitectura rural

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

FISTERRA

LAVADEROS DE LAXE. El Concello de Laxe acaba de recuperar, con limpieza y mejoras, diez de sus lavaderos: Val de Regueira, Río dos Cabalos (foto), A Torre, Pazo de Leis en Soesto, Coéns, Matío, Cuíña, Boaño, Fonte do Sapo y Mórdomo.
LAVADEROS DE LAXE. El Concello de Laxe acaba de recuperar, con limpieza y mejoras, diez de sus lavaderos: Val de Regueira, Río dos Cabalos (foto), A Torre, Pazo de Leis en Soesto, Coéns, Matío, Cuíña, Boaño, Fonte do Sapo y Mórdomo. CONCELLO LAXE

Lavaderos, cruceiros o molinos, cada vez más en las actuaciones de recuperación de la Costa da Morte

05 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Elementos identitarios, funcionales y necesarios durante siglos en la vida rural corren el riesgo de desaparecer. Esa es la parte negativa, que afecta a un sinfín de pequeñas obras de la arquitectura popular. Por fortuna, tiene cara positiva: entidades vecinales y concellos trabajan para que eso no sea así y recuperar lo máximo posible, aunque en muchos casos se observen ya como patrimonio etnográfico en lugar de espacios cotidianos. Cruceiros y palomares, hórreos y pontellas, eiras y fornos, molinos y lavaderos recobran su importancia con ese trabajo, que en las entidades desarrollan algunas comprometidas A Fonte de Fornelos, las de Corcubión que recuperan molinos y los ponen a funcionar, y otras vecinales que a lo largo de los años han trabajado para hacer vivo el pasado que se muere.

El caso de los lavaderos es muy singular. Es muy probable que sea el elemento colectivo más extendido por la comarca (en cada parroquia al menos uno), y también el más ignorado desde que hace años perdieron su utilidad. Son muchos los que yacen sepultados bajo la maleza, y los de los ríos, que no eran poco, han ido desperdigando sus piedras con las crecidas y la falta de arreglo. Pero hay concellos que velan por ellos, y el ejemplo más reciente es el de Laxe, que acaba de limpiar y mejorar diez de los suyos repartidos por todas las parroquias. Algunos, sencillos, y otros, casi una obra artística. Explica el alcalde, Paco Charlín: «Non sempre son necesarias grandes obras para mellorar un concello. Recuperar un lavadoiro, limpar un espazo que levaba tempo precisándoo ou poñer en valor un elemento da nosa historia tamén é facer municipio e tamén é mellorar a calidade de vida da veciñanza». Recuerda lo anunciado por el Concello de Fisterra a principios del verano, en el sentido de que rehabilitará once lavaderos públicos: Fisterra, San Martiño de Abaixo (dos), Mallas, San Salvador, Vilar de Duio, Denle, Castromiñán, Rial, Padrís y Sardiñeiro, con una estimación de algo más de 100.000 euros para acometer esos trabajos, para los que solicita una ayuda a Agader.

Lavadero de Val de Regueira, en Laxe.
Lavadero de Val de Regueira, en Laxe. CONCELLO LAXE

En la comarca hay lavaderos que empiezan a quedar en el olvido pese a su gran importancia pasada y a las enormes dimensiones de algunos, como el del barrio de A Cristina de Carballo, ahora sellado para evitar okupas, o el del Camiño do Río de Malpica. O el de Torelo, en Salto. Y el de Conles, en Traba de Coristanco, que pudo reinaugurarse hace diez años gracias a una completa rehabilitación que, además, fue de las primeras de esas características en su entorno.

No es solo cuestión de tamaño: en algunos casos se trata de obras de muy bella factura, como el que hay en Moraime, a unos metros de la iglesia, o el de Olveiroa, o el de San Martiño de Fisterra, por citar solo tres en los que la piedra bien labrada es su principal característica.

Arreglo cuando se rompen o actuación preventiva   

Hay muchas obras de recuperación de cruceiros, pero casi todas llegan cuando no queda otra y además paga el seguro del coche o tractor que lo ha derribado. Son decenas los ejemplos en la zona. También se da el caso de quienes actúan de manera preventiva o acometen planes de limpieza y puesta en valor con la necesaria supervisión de especialistas en patrimonio, con sus permisos. En este sentido, el ejemplo a seguir es Vimianzo.

Casi treinta años de un plan provincial pionero   

En la actualidad, las actuaciones de cara a la recuperación del patrimonio, el pequeño y el grande (de lavaderos a castros y dólmenes) son comunes por lo necesario, con presupuestos públicos destacados en la mayoría de los casos, aunque aún queda mucho por hacer. Pero no siempre ha sido así, y no hace falta tener muchos años para recuperar el estado del castillo de Vimianzo, las Torres do Allo, rectorales como la de Caión o Moraime o molinos como el de Golmar, además de conjuntos etnográficos como los Muíños de Ardeleiro, Toba o A Ameixenda, además de los Batáns do Mosquetín. Y unos cuantos más.

Clave en el arranque de los arreglos de los elementos patrimoniales fue el llamado Plan 2000 de recuperación de arquitectura popular, impulsado por la Deputación da Coruña en 1998, con un presupuesto inicial de nueve millones de euros (entonces, 1.500 millones de pesetas). De ahí salieron muchas obras para la Costa da Morte destinadas a evitar el deterioro de elementos patrimoniales, como también de fondos europeos canalizados por la asociación Neria, o de los concellos y la Xunta, poco a poco.

La Deputación fue clave para esas ayudas particulares, también para la compra de espacios (Dombate, Batáns, castillo vimiancés, Forno do Forte...) cuyos efectos perviven en la actualidad. Y se multiplican: caso especial va a ser la musealización del espectacular museo en el molino de mareas de Cereixo, en Vimianzo, que pasará a gestionar el Concello. E incluso las rectorales que acaban siendo centros sociales.