Jesús Marcote: «Os tres últimos meses de 1987, con 19 anos recén feitos, foron terribles»

No fue solo participar en el Cason: estuvo a punto de morir en el rescate a los tripulantes de un pesquero


Carballo / la voz

Una de las muchas imágenes que han quedado para la historia de aquella catástrofe del Cason, el carguero de bandera panameña que ardió y embarrancó en Fisterra el 5 de diciembre de 1987, es la de unos vecinos de la localidad subiendo a puerto a uno de los tripulantes chinos fallecidos. El joven de la derecha de aquella foto era Jesús Marcote Senlle (1968), que hacía la mili en la Cruz Roja, y que participó activamente en el operativo, tanto de recogida de los cadáveres como de rescate de supervivientes.

Jesús era entonces un chaval, y ponía fin a unas semanas de enorme intensidad personal y vital, esas historias que se recuerdan para siempre. «Os últimos tres meses de 1987, e con 19 anos recén feitos, en outubro, foron terribles», resume. La clave estaba en su vinculación con la Cruz Roja, y además en una zona en la que en invierno el mar no da tregua. Un medio que él ya conocía de sobra desde niño, por nacimiento y porque se puso a trabajar con 13 años, pero además coincidieron varios hechos de esos que marcan en muy poco tiempo. Eran casi niños, pero entonces esas cosas parecían casi normales.

El primer recuerdo de ese invierno fue el del 26 de octubre, cuando tuvieron que acudir, desde Fisterra, en ayuda de la tripulación del Generosa, un barco de Marín que encalló a menos de 50 metros del puerto de Muxía. Los intentos de rescate, dado el estado del mar, no tenían éxito. Jesús llegó en la Ara Solis, que no podía acercarse, y con un compañero lo intentó con la zódiac, que se puso de costado, pero los marineros no podían bajar a ella. El motor de la lancha se apagó y quedaron a la merced del mar, sobre la rompiente. «Estamos vivos grazas á Virxe da Barca», relata, aún emocionado al recordar aquellos momentos. Lograron volver a la Ara Solis, retirar el motor, y salieron bien de una larguísima noche en el mar, desde las 12 hasta las 7.30. Y, por fortuna, un helicóptero de Salvamento acabaría rescatando a los doce tripulantes del Generosa. Su zódiac acabó en las rocas y tuvo que ir a buscarla al día siguiente. Su trabajo le valió una medalla de plata de Salvamento, en reconocimiento a su trabajo y al altísimo riesgo sufrido.

Unos días más tarde, el 5 de noviembre, le tocó participar en la búsqueda de dos chavales del municipio de Cee, que habían ido a los percebes en una zona de Fisterra y fallecieron ambos. Jesús encontró algunos de sus enseres, unos tenis y una bolsa. Pero las dos muertes aún las tiene muy grabadas como algo muy duro de ver.

Y casi sin tiempo para respirar, unos días más tarde llegó el Cason. Tuvo que desembarcar cadáveres (si no recuerda mal, siete) y también ayudar a rescatar a algún superviviente. Mientras muchos vecinos, de Fisterra y de la comarca, se marchaban ante el temor a la nube tóxica, a él y a otros compañeros le tocó quedar en el pueblo. Vio y escuchó de todo, claro. Como aquel alto mando lleno de insignias que bajó del helicóptero y dijo: «Si el Santo Cristo nos ayuda, a ver si podemos quitar todo lo que hay ahí dentro», frases que han quedado en su memoria desde entonces. Recuerda las explosiones, los medidores de contaminación... Pero lo vivió todo con una inusual tranquilidad. «Cando es tan novo, ignoras moitas cousas, e arriscas ás veces», dice. Las guardias para que la gente no subiera al monte a ver el barco, el locutor Luis Rial transmitiendo desde ahí, el miedo en el ambiente... «Foron días tremendos, e malos, pero quédanche para o resto da vida. O primeiro cadaleito que subín a bordo causoume unha gran impresión».

Muchos años en la Mercante y en las plataformas de medio mundo

Jesús podría haber sido carpintero, el oficio de su padre, en el que efectivamente estuvo algún tiempo. Pero el mar tiró más y, con 14 años, se inició en el longueirón, en apnea. Después se casó, embarcó en la Mercante, en la que estuvo 19 años, y cinco años más en las plataformas, por el Mar del Norte, México, Rusia, Alemania... Años que curten. También ha trabajado en un buque oceanográfico, y desde hace unos meses lo hace en Salvamento Marítimo, con base en Canarias. Y en Salvamento sigue salvando. Hace unos días, a primeras horas de la noche, en el barco sintieron un golpe: una persona había caído al mar. Él y otros compañeros se tiraron al agua, porque no cogía el aro salvavidas, y lo sacaron fuera. Era un aparente intento de suicidio que, por fortuna, quedó en un enorme susto. «Un rapaz novo, e cousas así chéganche á alma», explica.

En su ya larga travesía de historias a bordo tiene casos para llenar un libro, seguramente como casi todos los que han dedicado su vida al mar casi desde que nacieron. Recuerda, por ejemplo, un operativo cerca del faro fisterrán en el que murió la persona que sabía nadar, y falleció la que no sabía, al aguantar sobre la embarcación. Es un mar que conoce bien, de cuando iba a pescar a las nécoras, al camarón, a jugar de niño sobre las piedras... Formar parte de Salvamento siempre le tiró y le gustó (y está muy orgulloso de ello), lo intentó en más ocasiones, así que finalmente entró. Canarias (su mar) no es Galicia, claro, pero también allí hay mucho trabajo. Pasará allí temporadas, después regresará, volverá... Tras tantos año por el mundo, el tiempo y las distancias se miden y valoran de una manera distinta a la que lo hacen quienes siempre están en tierra.

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